martes, 9 de diciembre de 2008

Antonio Voraz

Tomada erróneamente por una imitación de Piraña (la película de Joe Dante, se dice, es posterior, un año después, y no hay más que ver ambas y compararlas para percatarse rápidamente de que poco en común tienen la una con la otra), Voracidad (Agguato Sul Fondo aka, Killer Fish) oscila entre el telefilm barato y la más gozosa e intrépida exploitation italiana de cara al mercado estadounidense, muy hija de sus tiempos, los 70. Antonio Margheriti, uno de lo más personales y brillantes veteranos del cine fantástico italiano, emprende esta muy infravalorada delicia heterogénea plagada de hallazgos sorprendentes como Anthony M. Dawson, su mítico pseudónimo anglosajón, o sea, en coproducción con Estados Unidos (y Brasil, donde fue filmada) y, efectivamente, rodando en inglés y con un reparto de lo más dispar (Karen Black, Lee Majors, James Franciscus, estupendo terceto, por cierto).

La trama, centrada en un ambicioso robo y el posterior escondrijo en lo profundo de un lago de unas esmeraldas, que resultan estar escoltadas por un nido de pirañas, da para, sin exagerar, varias de las mejores y más poderosas imágenes que ha filmado Margheriti a lo largo y ancho de su carrera. Con la habitual artesanalidad y espontaneidad de su autor, Voracidad arranca con el acelerador atascado, a toda hostia y sin frenos. Lo que, en principio, parece una superflua y absurda concentración de lugares comunes del cine de aventuras y enredos amorosos, de lo más divertida y chic, por otro lado, va deviniendo en el puro suspense, el terror y la catástrofe más violenta, tensa y espectacular. Narrada con una fluidez y una fuerza sensacionales (la escena del tornado y demolición a gran escala es verdaderamente impactante y está acojonantemente bien resuelta, así como los distintos ataques de las pirañas hacia el final, espeluznantes y de colmar los nervios), pese a la problemática de un guión en continua mutación en el proceso del rodaje; impredecible, original, sin que el tópico y el estereotipo desmejoren nada, y completamente dada al vacile en un twist final al estilo de lo que muchos años más tarde veríamos en pastiches de suspense, acción y exploitation de lujo a cuál más retorcido y delirante como Swordfish y Wild Things.

El propio Margheriti reniega de ella, pero también es cierto que Margheriti a veces se comporta como un cenizo, y así lo digo teniéndole el aprecio que le tengo a este director incombustible.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

¿Argentofília por la puerta grande u otro vulgar rebufo?



Trailer del nuevo Argento (Giallo, en seco, por delante, por detrás y con todo el descaro y ya dudosa autoridad del mundo de la que puede presumir su autor) recién horneadito, de ayer mismo. Creo que es de cajón decir que el Argento giallesco, o sea, el disparatado, barroco y genial, es el italiano, y el insolvente, el convencional, el supuestamente más circunspecto, el americano. Ejem, Trauma, la primera película americana de Argento, no supuso ningún giro radical con respecto a sus precedentes argentófilos, pese a ciertas concesiones puramente americanas hacia el thriller y decepciones de algunos admiradores, a los que no entiendo en absoluto, por cierto. Lo mismo ocurría con su esplendoroso episodio de Los Ojos del Diablo, ese magistral Gato Negro cojonudamente poeniano hasta los huesos, cojonudamente amarillista, como Trauma, sí. Pero tanto El Fantasma de la Opera, Il Cartaio y el telefilm ¿Te Gusta Hitchcock?, son una puta mierda. Pero estas tres películas son todas italianas y de la última etapa argentófila, tras esa maravilla litúrgica sui generis, todavía incomprendida por muchos, El Sindrome de Stendhal, el penúltimo suspiro de talento inabarcable de Argento; el último sería la también italiana y, otra vez, amarillista a brutal cuchillazo, Non Ho Sonno. ¿Notáis nada anormal? Yo os diré: es totalmente erróneo achacar a Argento falta de imaginación y gilipollismo americanucho vendido para con sus obras americanas mientras se le atribuye todo el mérito a las italianas, una vez ya pasada su época gloriosa de suspirios, rojo oscuros, infernos y operas y alfileres en los ojos, como hemos ido comprobando a lo largo de los años. Por eso, no voy a dudar soberanamente de la calidad de Giallo sólo por tratarse nuevamente de una película americana, sino, paradójicamente, lo sé, por tratarse de una italiana, ya muy lejana de Non Ho Sonno, al parecer. ¿Que no es más que un puto trailer? Lo sé, pero tengo una corazonada, y no me dice nada buena ésta. Y yo fui de los que defendieron La Terza Madre en su día, pero esto se llama Giallo, y cagarla así, es sacrilegio, por mucho que tu nombre sea Dario Argento, clave en la fiebre amarillista de los 70 en adelante. Argento, no te quedes sin aliento, hombre. Te pudres como las cosechas de frutas al sol: a toda hostia.

jueves, 2 de octubre de 2008

Avati sin superpoderes

Vengo de Sitges de ver lo nuevo de Pupi Avati en la Tramuntana (ésta sala tampoco está tan mal como creí. Es más cómoda que otras; ¿han cambiado las butacas o soy yo que tengo un mal recuerdo?), Il Nascondiglio. Ahora estoy un poco cansado y paso mucho de extenderme, pero, a mi pesar, no es otra cosa que un truñaco estéril y sin ninguna de las mágicas virtudes del mejor Avati sobrenatural (el de La casa dalle finestre che ridono y L'arcono incantatore, por ejemplo). Pero cuánto sopor, cháchara inútil y topicazos que aún me duelen en el alma. De qué vas, tío, sí, sí, te lo digo a ti, Pupi. No me jodas. Tú no, hostias, que ni los sustos del final son gran cosa, y no te voy a criticar el absurdo y las incoherencias, porque los italianos sois así y yo encantado, pero tras toda ésa superficie de elegante clasicismo y foto y maneras propias de los fantafabulosos 70's, no hay absolutamente nada; las formas están vacías, hostiles con cualquier contenido, y el desarrollo es aburrido y hasta burdo. ¿Por qué has hecho esta puta mierda de la que sólo puedo perdonar su rollito de giallo grotesco, violento y retorcido de unos cuantos segundetes del final, macho? ¿Qué te pasa? pero si da hasta vergüencita. Aún no me lo creo. ¿Pretendías hacer que nos cagáramos todos las patas abajo con un thriller de un suspense mareante que diera una gran lección de vieja escuela al actual panorama cinematográfico? ¿Por qué has filmado un guión tan mierdas (¡y que encima es tuyo!), interminable y para que luego sus sin pies ni cabeza no obedezcan, ni por un momentito de nada, al surrealismo sangrientón que tan bien se te daba? Mira, tío, yo esto no te lo perdono. Hasta tu colega Argento se le hizo mejor con la boñiga hecha con los pelos del culo Il cartaio. Vuelve a hacerlo y te va a volver a besar el culo, cuando hable de tus buenas pelis, tu puta madre.

domingo, 24 de agosto de 2008

Soavi, il ritorno

Michele Soavi, erróneamente considerado discípulo aventajado de Dario Argento (si lo es de éste, también lo es de Lucio Fulci, Lamberto Bava o Joe D’Amato, por ejemplo), es, pese a quien pese, un autor sin aditivos propagandísticos, una maquina de emociones fuertes que vuelca su particular imaginería barroca al cine de sus amores, medio en el que se ha ganado una marca y ha conseguido unas maneras únicas, y que reconoce las mismas influencias de Fellini que del Argento de aquellos tiempos que, me temo, ya nunca volverán.

Si Aquarius ya supuso un pastiche de tradiciones giallescas y slasher que apabulló por su circense y personalísimo sentido de lo sangriento y tensión llevada al extremo de lo grotesco (el espléndido asesinato en las duchas, la mujer cortada con sierra mecánica vista a través del subjetivo de sus compañeros, etc), tras La Chiesa y La Setta, variaciones sui generis de los Demons de Lamberto Bava, la primera, y del esoterismo brujeril y satánico de Argento, la segunda, llegó Dellamorte Dellamore, la consagración de su autor como tal, su obra maestra y una declaración de principios rara en el cine del siglo XX: hacer a uno lo que le pase por los cojones según la lógica del cine italiano, el único cine europeo que, como el estadounidense, realmente lleva en la sangre de sus siervos eso de hacer cine. La primera película de zombis estrictamente felliniana, eso es Dellamorte Dellamore, pasada por el tamiz de un gigante que depende siempre de un estilo depuradísimo y unos guiones envidiables.

Arrivederci amore, ciao (recientemente editada en dvd aquí por Cameo con el ridículo -otra vez- título de Camino sin retorno), es el nuevo Soavi después de un montón de telefilms de mierda. 12 años la separan de Dellamorte..., nada menos, y ha valido la pena la espera, sí señor: Soavi sigue en plena forma, abandona el gore y el fantástico, por esta vez, pero sólo para ir del mismo palo con una retorcidísima historia de italianuchos hijosdeputa que roban, traicionan, matan, se drogan, tratan a las mujeres como pura mierda que estorba y follan, claro. Un thriller, pues, italiano hasta la médula y plagado del crudo pero bello esteticismo soaviniano, narrada con más garra y personalidad imposible, con parsimonia y docenas de escenas memorables que merecerían un amplio estudio tanto en lo formal como en lo conceptual. Fascinantes set-pieces de las que ya apenas se ven.

El título (el original, digo) refleja de manera valiente y con mucha mala uva ése retrato cínico y amoral del personaje principal, hombre trágico, oscuro, pero íntegro. Y ya descubriréis por qué quienes no la habéis visto. Y otra vez tenemos arriesgados travellings y subjetivos de impresión (hay uno del coño de una stripper columpiándose que advierten del descarado golferío de Soavi), erotismo auténtico (italiano, vamos) y violencia brutal, en sus dosis justas y apropiadas (esto no es Aquarius ni La Chiesa, señores). Arrivederci amore, ciao es en absoluto moralizante, más bien lo contrario, y vuelta férrea, estimulante, aunque quizás un pelín larga (por lo limitado de su argumento) y complaciente (a veces marea un poco la perdiz), de un Soavi enervante. Este hombre continúa siendo un puto genio, quería decir.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Haciendo de tripas... más tripas

“Lo más opuesto a la relativa sutileza y tendencia a la metáfora de Romero (...) El menos Fulci de los films de Fulci”. Palacios también quiso ver, por puro capricho personal, digámoslo, a un zombi que politizaba e hilvanaba una oscurantista alegoría tercermundista en este singular clásico de culto inmortal del mejor spaghetti-gore setentero. Dobles y hasta triples lecturas aparte, Zombi 2, Zombie, o Nueva York bajo el terror de los zombis, como se la llamo aquí, es uno de los pedazos de puro cine fantástico europeo más magistrales, auténticos, sui generis, caraduras y viscerales de la historia. Poderosamente fascinante y, a su modo, revolucionaria, la primera obra maestra puramente Fulci, contenía un carácter desigual, sujeto al puro género, confiado y edificante. Fulci, grande como él solo, filmó a puñetazos de sabiduría y desvergüenza un tremendo y grandioso relato de aventuras de esos que no se olvidan y no envejecen nunca, incluyendo en el mismo a un Mad Doctor ponzoñoso cuya torpeza y malvivir gestionan a un ejercito de zombis come-gente. Las implicaciones vuduescas y arcaicas son comentadas por los propios personajes con poco ingenuidad, haciéndonos dudar de la procedencia real de unos muertos que vuelven a la vida después de tantos años, con momentos al respecto, por paranoicos y pavorosos, casi cómicos. Pero guión original de Dardano Sachetti (no acreditado) y Fx hipergore aparte, nada hubiera funcionado como funcionó de no ser por la maravillosa y genial fotografía de Sergio Salvati, quien manejó a la perfección claroscuros, escenas diurnas con mucho sol (un 95 % de película) y esas otras increíbles en penumbra con zombis en grupo (una docena, como máximo) moviéndose muy lentamente, donde un Fulci veterano y detallista hace volar hierbajos por la parte baja de la pantalla al unísono de la ventisca artificial. El resultado es para levantarse y aplaudir, y eso es escuela Fulci, inimitable, sólo elogiable.

El extraño efecto que la BS de Fabio Frizzi causa en unas imágenes de una ferocidad y violencia inigualable, sería, en buena parte, parte del sello característico de Fulci a partir de entonces, no en vano, la BS de las películas de Fulci son sinónimo de puro horror y pervertimiento atmosférico la escuches donde la escuches. Con Zombi 2, el cine de zombis y el gore, no volverían a ser lo mismo, vinieran de donde vinieran e hicieran lo que hicieran, Zombi 2 pasó a los anales por derecho propio, y aunque no naciera de la más sensata intuición (añadidos varios de última hora al guión y algún que otro plagio, sin importancia o muy bienvenido, al Dawn of the dead de Romero, del que es falsa secuela, por muy suya y fulciana que sea) como La matanza de Texas o Seis mujeres para el asesino, casi, casi.

Sabemos de críticos, no sólo detractores, y es que también se cuentan entre sus defensores, que suelen referirse al cine de Fulci como ingenuo y hasta malo, narrativamente hablando. No sólo no estoy de acuerdo porque con Zombi 2 Fulci demostró ser un narrador único y vibrante, exquisito y MAGISTRAL (lo pongo en mayúsculas para el que quiera reírse, así se atragante el subnormal), sino porque la valía de este hombre está demostrada hasta en sus spaghetti-westerns, y qué decir de esos soberbios giallo como Una lagartija con piel de mujer, Una historia perversa y, sobre todo, Angustia de silencio. Para defender a Fulci de forma ilusa y fácil, basta con ver Posesión Infernal y Braindead y decir que eres moderno y enrollado, que viva la Serie B, el gore, el bizarre y su puta madre, pero hay una grandísima diferencia cuando a los autores los realzas porque te gustan mucho sus películas, porque has visto, por ejemplo, Zombi 2, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes, El Más Allá y Aquella casa al lado del cementerio más de una veintena de veces seguro; porque en donde ves magnitudes casi insondables, por bellas, fascinantes, los payasos sólo ven “tablas de carnicero”, así que no me toques los cojones.

En su siguiente película de zombis, sí es verdad que Fulci rizó el rizo y consiguió superar esta ya de por sí casi insuperable obra de arte vigente y viviente, y que así sea, y será, joder, por siempre.

A Fulci (sí, otra vez. Qué pasa).

1927-1996

martes, 6 de mayo de 2008

Una vida sin Fulci sería una puta mierda

Por eso, un fan fatal del Maestro como es el norteamericano Mike Baronas ha decidido poner sus dos santísimos cojones al servicio de una serie de DVD’s en distintos volúmenes que rindan un sentido y descaradamente devoto Homenaje al más grande de los francotiradores romanos de la exploitation europea. Paura, Lucio Fulci Remembered, Vol 1, a adquirir con fruición desmedida, recoge el testigo de muchos de los cineastas, técnicos y demás vinculados a la obra de Fulci. La primera tirada es limitada (2500 copias), así que, fans y curiosos, no podéis hacerle esperar más al tito Fulci, que el Gigante del Horror más seco, burro, cafre y brutal del planeta, sigue más vivo que cualquiera de nosotros. Y cita ineludible a este respecto y al del cine de género europeo, es el blog Beyond Flix (que descubrí gracias a la web de Paura Productions), desde ya, favorito entre favoritos de Rajando en Amarillo. Su autor, Martín Núñez, manifiesta abiertamente su amor por la exploitation, el giallo y Fulci excluyendo ironías cobardes y excusas de mongol acomplejado y confuso. Además, su curro en el blog incluye entrevistas a celebridades, que hacen llorar por nostalgia y todo, como el siempre inquietante, camaleónico y grandioso Giovanni Lombardo (John Morghen). Un solo ejemplo de las excelencias del muchacho, sacado de la entrevista a Lombardo: “Mi director favorito es Lucio Fulci, ¿cómo lo recuerdas personal y profesionalmente?”. A veces, conocer a gente de tu misma especie con semejante rotundidad, le da cierto sentido a la vida, aunque ésta te parezca una mierda. Aaaay, amigos, hay una frase, de esas típicas pero necesarias, que nunca he gritado desde lo más profundo de las tripas y que, con todo lo que ya he largado y largado sobre Fulci a lo largo de casi toda mi vida, parece mentira que aún no lo haya hecho. Ahí va:

¡¡¡¡FULCI LIVES, HIJOSDEPUTA!!!!

Mecagoenlahostia!

martes, 18 de marzo de 2008

La bahía de Mario

Mete a una manada de fans de Bava en una habitación, con todo tipo de armas blancas repartidas por cada uno de sus rincones, y hazlos hablar de Bahía de sangre. Seguro que acaban todos asesinándose entre ellos de formas distintas y flotando en un mar de sangre. Unos dirán que es una roña, otros que una de las últimas obras cumbre del genio italiano, y el resto que ni una cosa, ni otra, y es aquí en donde yo me incluyo. Propició al venidero slasher yanqui con su hipnotizante y avasallador recuento de muertes hiperbólicas y ultragores, inaugurando así un filón que aún hoy sigue y que, por ley, jamás debería de hacerlo. Aún siendo uno de los títulos menos fascinantes de Bava, con perfectos enredos en su composición plástica pero, a la vez, echando a perder el encanto intrínseco del estilo que caracterizó a su director a principios de la década en que se ubica Bahía de sangre, los 60, con un ya exasperante y desmedido uso del zoom, tan del agrado de Bava como del de los demás compatriotas suyos. No es la única pega, su ritmo es, a veces, extremadamente lacio y torpón, que avecinaba ya ése Bava en horas bajas descubierto en la, sin embargo, estimable Cinco muñecas para la luna de agosto, de similar estructura. Lo verdaderamente admirable de Bahía de sangre lo hayamos, con refinado descaro, en la, como siempre, impresionante foto del propio Bava (no olvidemos que a Bava le gustaba resaltar que era un director irregular y un fotógrafo extraordinario), que consigue elevar la película hasta el rango de lo incomparable y único. La cámara es una güarra pornógrafa de la sangre filmando los maravillosos asesinatos, obra de un primerizo Carlo Rambaldi, luego oscarizado por su labor realizada en el “muñeco de trapo” más famoso de la historia del cine, E.T. Sin duda, ése fue el aliciente que la encumbró e hiciera que pasara a la historia del cine de terror truculento y sinvergüenza.

Bava puteaba como nadie a los de su raza, para él eran meros pinchos morunos, mierda con la que salpicar y sacar arte de ello. Aquí se pasó tres pueblos e hizo que se asesinaran mutuamente para hacerse con los bienes de la bahía del título. Movidos por la codicia y la ambición, como políticos: psicópatas, pero asesinando directamente, en solitario y a sangre fría. Pero Bava era también un moralista, lo cual hacía aún más atroz su misantropía. Por eso, los asesinos que logran desembarazarse del resto de asesinos, tienen su merecido en un final famosísimo y caspitrónico que es todo un puntazo de humor negro hijodeputa. Lo más curioso es que, y os lo va a parecer a vosotros más que a mí, Bahía de sangre es una de mis películas favoritas, su conjunto absolutamente demencial y retorcido, pese a sus errores de racord casi imperdonables, como pasar por alto el no maquillar, ni hacer notar la reacción del personaje más lógica a posteriori, la cara de uno de los asesinos después de haber sido considerablemente frita, enternece, la perversa belleza de Claudine Auger es para mí ya un fetiche, y algunos asesinatos, como el del angustioso doble empalamiento con lanza a modo de orgasmo conjunto entre tres, los chavales que sufren el coitus interruptus más emblemático, sangriento y cruel de la historia del cine (luego imitado por la primera secuela de Viernes 13, como bien sabemos todos) y el espectador, que importunado se retuerce tanto como éstos, o mi favorito, esa puta maravilla de empalamiento (otro, sí) con la pobre víctima quedando colgada de la pared, después de haber sufrido una muerte lenta mientras escupía sangre, escena que, contemplada detenidamente y completa, supone el mayor logro de la película junto al doble asesinato del comienzo, también delicioso y de lo más barroco y conseguido de Bava, y la fascinante imagen que repercutirá hasta en nuestros sueños, al menos en los míos. Por razones comerciales, le faltó esto para llamarse La última casa a la izquierda 2, algo que siempre me pareció especialmente curioso.

Al bueno de Edgar Wright da gusto oírle hablar de Bahía de sangre y, concretamente, de uno de los trailers más bonitos de ésta aquí.