jueves, 8 de noviembre de 2007

Canale Fulci (1/5)

Il Fantasma di Sodoma prevalece en la filmofulcigrafía por ser una de las películas más inclasificables y ridículas de su autor, que ya es decir. Primera de la serie de tv-movies que Fulci realizó algo cansado pero no sin la ilusión que siempre ha tenido desluciendo la empírica de su particular estilo, supone una rareza bobalicona, hipnotizante por momentos y plagada de subnormalidades y estupendos hallazgos a partes iguales. Erotismo sado, adolescentes gilipollas, nazis-espectro, humor de mentira, una sola muerte hipergore y tetas, muchas tetas, para todos los gustos. Oh, genial, ¿no? Pues mira tú por donde: no, sí, a ver, en parte, bueno, no y sí, joder, quiero decir que de genial tiene un fascinante prólogo donde vemos a unos oficiales nazis, los mismos que mucho tiempo después atemorizarán postmortem a unos chavalines atolondrados, montándose unas juergas con zorras, alcohol y drogas, con puntazos verdaderamente exquisitos, como el baile del sambenito de una puta colgada desnuda sudando a mares mientras un nazi no menos colgado y sudoroso tose y aplaude en grotescos y triposos primeros planos, todo ello intercalado con absurdas imágenes de bombardeos de la 2ª Guerra Mundial y planos de colores que poco tienen que envidiar al frenesí psicodélico de Natural Born Killers; cierto misterio durante la primera mitad (el descubrimiento del caserón de campo, en donde pasó lo anteriormente descrito, por parte de los chavales, de vacaciones por la zona, los muy bohemios) y esos momentos de gore a la boloñesa con un muerto siendo paulatinamente derretido por alguna extraña fuerza sobrenatural sin ningún sentido o explicación alguna (como debe ser), supurando líquidos vomitivos y tripas podridas por todas partes. Lo demás no es del todo infumable, pero nos recuerda que si bien las flojedades de un guión prácticamente inexistente no importan, al igual que pasa con un presupuesto casi inútil, lo lacerante de un ritmo que ahora sí y que ahora no, unido ello a un final zopenco y descojonante, por pueril y tonto, lastra todo el conjunto y escenas memorables como las antedichas o el resto que tiene a ver con el sexo bizarro, el lesbianismo y la ruleta rusa (bonita escena, no es el The Deer Hunter de Cimino, pero es bien tensa, vaya), no pasan de lo anecdótico en una fulcinada cuya relación con el espectador entregado y amante incondicional del maestro se mantiene gracias a su reconocible estilo, que lo tiene, aunque en horas bajas (excesivamente absurda, demasiado, que se me entienda, es la escena en la que un par de mozos intentar salir del caserón y dan esto por perdido aun con la certeza de saber que sólo una mísera ventana de madera levemente atascada por unos barrotes los separa del exterior que, por supuesto, ven a través de ésta). Al fin y al cabo, es más entretenida que aburrida, aunque ha de serse un fanático del fantástico italiano para verla con mis mismos ojos, los cuales han llegado a un punto en que toleran lo intolerable en un plato de spaghetti con poca salsa de tomate ya.

lunes, 29 de octubre de 2007

La Europa Zombi Moderna

La definimos a través de una sola película. No es necesario que se cuelen obras maestras fulcianas como Paura nella città dei morti viventi o Zombi 2, tampoco imprescindibles divertimentos litúrgicos como los Demons de Bava hijo o singularidades como La Chiesa. Para nada. Zombi 3, cuya fama acarreada parece atribuida solamente a su “pedestre calidad global”, idea estúpida y franca y descaradamente errónea, es la comedia grotesca de acción y zombis en la que su ambivalencia triunfa sobre los juicios negativos que de ella hacen miles de aficionados y supuestos defensores del cine de Fulci y la escuela del horror italiano en todas sus vertientes. Pero si la palabra de esta gente fuera realmente cierta, Zombi 3 sería, obligatoriamente, una de sus películas de zombis favoritas, aún ésta con su condición de humor petardo, a menudo tosco, la mayoría de las veces absolutamente genial y chusco hasta la asfixia.

Si preferís llenar de medallas a subnormalidades más o menos graciosas como Redneck Zombies u otras perlas del absurdo tan estúpidas como aburridas de la Troma, negándole virtudes a Zombie 3 al tiempo que la humilláis con vetustos y obsoletos escarnios, entonces es que 1) no habéis visto esta sin par maravilla terminada a trompicones por dos autores del fantastique descerebrado como lo eran Lucio Fulci y Bruno Mattei, escudándoos con tercas opiniones ajenas, 2) mirabais, condicionados por los demás, hacia otro lado por miedo a que terminara gustándoos o algo así, y 3) el brusco cambio de la peli respecto a las demás obras de Fulci y el conocimiento de que éste fue uno de sus detractores más sonados os cegó ante la obra maestra de la acción delirante y el humor gore que pasó desapercibida por vuestros huraños ojos.

En términos de montaje, realización y escritura, Zombie 3 merece su justo puesto de honor al lado de los mayores logros zombiescos del spaghetti-gore. Fue un crepuscular y desmadrado mazazo a la tradición de la exploitation italiana, guiñándole el ojo al Sam Raimi de Evil Dead y adelantándose a los zombis atletas tan solicitados en los tiempos de hoy, verbigracia las piruetas formales con cabezas cortadas de zombis saliendo disparadas a toda velocidad para acabar mordiendo carnes en primeros planos y mezcla de zombis mongólicos y los que van con mucha más prisa. La película de zombis italiana definitiva que cerró la oleada de imitaciones de otras imitaciones a golpe de sarcasmo y circunvalación del horror postmoderno. Fulci o no, que al final resulta que sí lo es, Zombie 3 nace, involuntariamente, si queréis, aunque yo creo que no, de una necesaria conciencia de romper con todo. Se consiguió.

sábado, 29 de septiembre de 2007

La baba de Bava

El caballerete Lamberto Bava se revolcaba entre fardos y fardos de liras debido al éxito de sus míticos Demons cuando con la punta de la polla se puso manos a la obra con La foto di Gioia (aquí conocida como Crímenes en portada), un giallo más del montón pero franco en sus limitaciones. Es, como parece nada más empezar, un softcore morbosillo y sanguinolento al que es prácticamente imposible achacarle males, eso si se es un fanático sin reparos del absurdo y grotesco suspense latino. Su simpática premisa promete lo que da, espectáculo de tetas, sangre, colores pastel y estilo detallista y personal (es una de las buenas de Bava hijo, que quede claro). La fotografía y las modelos son la excusa esta vez, y aquí resulta bien obvio que Bava farda de ser hijo de quien es, no repitiéndose jamás en secuencias de variada e ingeniosa composición y mostrándose ejemplar moviendo la cámara de un lado a otro. Bava no pierde el tiempo y nos sirve en bandeja de plata las mamellas gordas de Serena Grandi y la famosa cantante Sabrina, quien se interpreta a sí misma y luce un anonadador y estructural palmito (me cago en dios y en la cruz, ¡¡pero qué BUENA está esta tía, hostias!! Mmmh...), para acabar, de mientras (uy, un ridículo catalanismo), convenientemente frita por un enjambre de abejas hambrientas.
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El misterioso asesino da muy violenta muerte a sus presas siempre femeninas para luego fotografiar los cadáveres de ojazos abiertos en curiosas set pieces de baratillo. De quién se trata con todo el elenco de personajes por sospechosos nos pilla un poco por sorpresa, la verdad, aunque luego, como era de suponer, las razones criminales del asesino son un total y descabellado delirio con polla y huevos en lugar de pies y cabeza: un puto calzonazos, obsesionado con la tetuda y güarrona protagonista, ha estado llamado la atención de ésta para lograr que sus objetivos dejen de ser meramente masturbatorios para pasar a mojar el churro de forma más estúpida y subnormal imposible. Al final, sólo logra obligarla a enseñarle las tetas (¡¡pero qué tetas!!) y escupirle sangre en el estomago, esto último, al haber recibido en escopetazo en los mismísimos. Su happy end gira entorno al triunfo sexual de un adolescente inválido, también obsesionado con la tetuda y güarrona protagonista. Esto nacería fruto, por supuesto, de la obsesión por la tetuda y güarrona vecina del principal instigador del guión, Luciano Martino. El giallo erótico idóneo para que los niños y los niños adultos se hagan pajas al igual que lo hacen con las películas de Tinto Brass y Fellini. Dicho queda.
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Qué feo eres, cabrón

domingo, 23 de septiembre de 2007

¿¡¡Pero a qué mierda esperaban, carayo!!?

Para ser justos, la obra maestra del Maestro no es otra que Miedo en la ciudad..., pero El Más allá se encuentra también entre mis favoritas (no sólo de Fulci, ojo). La carnicería más enigmática e ininteligible del Genio. No se toma en serio ni a Argento ni a Lovecraft. No se toma en serio ni a sí misma, pero es una hipnótica pieza de Autor y un descalabrado y hosco encanto, una maravilla única en su especie. La escena del chucho mordedor la encuentro superior a la casi idéntica que aparece en Suspiria (versión íntegra, mucho ojo), de la que Fulci se tomó la licencia de robar con descaro, por cierto. El final es lo más absurdo y aterrador que ha filmado Fulci en su vida. Tan buena es que es casi indescriptible.

Un Fulci más calmado de lo habitual pero igual de descerebrado y genial. Pobre Poe, ¡¡o qué privilegiado!! El mejor relato de uno de los mejores escritores del mundo convertido en un rabioso giallo sobrenatural, lleno de estilo y excelentemente acabado. Un Fulci de los muy buenos.


Leer verdades aquí.

La primera y mejor película de Bava hijo. Macabra que te mueres y perversa y obscena como las peores intenciones de un profanador de tumbas. La necrofilia como campo abonado de incertidumbre y espanto. El mejor drama familiar de la historia. Una obra maestra del tenerlos enormes y bien peludos, escrita y dirigida con mano de hierro.

Leer verdades aquí.


Ni Jess Franco ni Fulci, caspitronía impredecible. Gore boloñésico, acción a saco y la escena de incesto más depravada y sangrienta de la historia. Imprescindible.

Leer verdades en otra parte, yo aún no he tenido el gusto de degustar este Fredda.


A Marino Girolami le hizo gracia el éxito de Holocausto caníbal y Nueva York bajo el terror de los zombi. No era para menos que se pusiera a la altura del segundo (del primero lo hace hasta tu abuela despedazando los conejos que caza tu abuelo) y nos regalara este irregular pero zumbón retrato de convivencia entre aborígenes y zombis, con una de las escenas de tortura médica más divertidas y agónicas de la historia. Sublimes los efectos especiales de Giannetto de Rossi.

No es ninguna obra maestra, pero en comparación con la execrable y subnormal Holocausto caníbal es el Ciudadado Kane del canibalismo. Depravada, ridícula y lisérgica. Lo mejor de Lenzi y una peli de aventuras entretenidísima. Salvajadas una tras otra y una en concreto que hubiera creado escuela si no fuera porque faltan cojones: la rubita monina colgada de unos gachos por los pezones. Maravilloso, enternecedor y un desfogue para misóginos ejemplar. Gracias a películas como esta no soy un severo y meticuloso asesino.

Lenzi preparándose para Caníbal feroz. Descuidada pero entretenida, algunas de sus imágenes, por mal fotografiadas y realizadas, consiguen llamar la atención obteniendo resultados bien curiosos. Digna antesala de la obra cumbre de su piradísimo y comercialucho director.

Leer verdades aquí.

Montaje original de aquella bobada y muy mediocre peli que A3 nos acostumbraba a tragar en las madrugadas bajo el título de La casa del exorcismo. No es que sea nada del otro mundo comparándola con las demás obras de Bava de la misma época, pero si es una gozosa y exageradamente excéntrica parida sobrenatural de posesiones y piruetas formales y fotográficas (aunque aquí más comedidas que de costumbre) de Bava. Elke Sommer está que te la comerías sin apenas mirarla. Tanto morro tiene que hasta se ha convertido en un pequeño clásico del fantástico italiano. Filmado en Toledo, además. ¡Toma ya!

Mario Bava se lo hizo mejor adaptando el mito de los Wurdolak en su episodio correspondiente de la famosa Las tres caras del miedo, pero Giorgio Ferroni puso un par y coño, ¡¡su peli de zombis/vampiros es la leche!! Tan oscura que no ves un pijo, gore trotón, empollamiento con Romero, escenas para el recuerdo y bastante original y muy bien planteada, dentro de lo que cabe. La he visto un montón de veces y por algo será.

La obra maestra de Bruno Mattei. Una descarada y excelente exploitation del Zombie de Romero (esa banda sonora... ¿De quién es?), los caníbales de turno sueltos en los bosques de Roma y del Fulci que te quiero Fulci. Todo el ritmo, el gore, la acción y los cojones de toda buena muestra de spaghetti horrorífico y barato. El final es una lindeza y no se sube nunca por las ramas para contarnos y mostrarnos lo único que nos interesa en subproducciones así: la fiesta caspitrónica, el jolgorio ultrasangriento y el humor absurdo, intencionado o no. Imprescindible.

Un Drácula magistral y prácticamente una comedia negra con un Udo Kier loco, loco. Cameo de Roman Polanski y sangre por todas partes. Única y, para algunos, hasta una obra maestra. Aunque yo creo que eso es exagerar un poco, sólo un poco.

Una de mis películas preferidas de siempre. Gore mayúsculo y perversiones mil. Se nota la mano de su autentico realizador, Antonio Margheretti; Udo Kier se sale como el barón Frankenstein y Joe Dallesandro parece desequilibrase poco a poco, como padeciendo por lo próximo que le va a tocar hacer en la película. Múltiples escenas míticas, como la del barón cepillándose a un cadáver introduciendo su mano en el estomago abierto de éste y diciendo cochinadas, o el clímax final parecido al de una peli de superhéroes clasificada X por su alto contenido de enfermos sin cura y sangre y tripas desparramándose por encima de la propia pantalla (filmada en 3D, recordémoslo). La mejor aportación de Warhol al arte.


Una puta obra maestra. Nadie como Bava para trasladar, o mejor, reventar un cómic archifamoso en Italia y convertirlo en una virguería colorista adelantada a todos los tiempos. No es Cine Pop, es un milagro. Cómo pasarse por el forro una millonada de presupuesto y hacer un superlativo y extraordinario “puedo con todo y a las mil maravillas” con los mínimos recursos. El anti-héroe por excelencia se llama Diabolik, y la mejor película de acción y aventuras de los 60, también. Habría que preguntarle a Pedrolo si preferiría un coño a este dvd (que además viene con algunos extras sin desperdicio) si le pusieran ambas cosas delante un muy buen día y le dieran una sola de ellas a escoger.

Una puta obra maestra. El Hércules que todo el mundo esperaba, el más espectacular y también el más elemental. Toda la fuerza del mejor Bava (compartida con la de Franco Prosperi, eso sí) aquí metida en esta fantasiosa, siniestroide, hilarante y crucial vuelta de todo del más singular peplum italiano que, por comparación, la de Hércules no vale un pedo de coño.

domingo, 6 de mayo de 2007

En la ciudad del pecado y la redención

Creo que ya va siendo hora de ponernos serios, de asumir la realidad, de auto-convencernos de la verdad, de ocuparnos de que nadie, sin excepción, desentienda nuestro compromiso para con el cine de escalofríos ultraterrenos. Sin ser los primeros, ni mucho menos, vamos a desenterrar, otra vez, el milagro que aguarda eterno, expectante, ante la mirada de esos miles de holgazanes que cada cierto tiempo necesitan creer en la magia de las películas. La auténtica, y en toda su pureza y extraño poder de seducción. Por eso mismo es este el único y sin par ejemplo de gozoso arte mayúsculo que transforma en bizantino a mordiscos cualquier otro, impugnado o no.

Con Paura nella città dei morti viventi Fulci espetó el hechizo que encauzaría a los amantes del cine fantástico por el lado correcto, dejando así que éstos no pensaran que Zombie 2 fue sólo una casualidad. Es más, con esta indescifrable, fascinante y anonadadora obra de arte Fulci se hizo a sí mismo y no igual a sus semejantes, simpáticos esbirros que rendían culto a su señor. Paura... tiene mucho en común con la matanza tejana de Hooper: impuso el color, la imagen, el sonido, la crudeza, el estallido y la abstracción que nunca más se volvería a imponer en el celuloide. Pero a diferencia de la obra maestra de Hooper, que al fin al cabo y en cierto sentido está muy alejada de los propósitos del cine de Fulci, el significado de Paura... lo hallamos únicamente en la imagen, sublevada por los mejores temas del más siniestro, atmosférico y absorbente Fabio Frizzi, a quien podríamos gritarle eso de “artista visionario”.

El gore, sangriento porque sí, en Paura... deja de pender del hilo entre la banal provocación y la complacencia para hacer de lo grotesco y la barbaridad, la exageración, la exasperación, el paroxismo y el exabrupto, arte sin más, barroco y hasta surrealista. Las distintas secuencias que dividen la película no tienen porqué significar nada más allá del goce y agradable cosquilleo que provocan en nuestro interior. Así, el fantasma/zombie del cura ahorcado es la plasmación de nuestros más íntimos deseos encarnizados; la mujer enterrada viva nuestra angustia; la pecaminosa chiquilla que, después de estar montándoselo en un coche, llora sangre y arroja su paquete intestinal nuestra sensibilidad; la maravillosa lluvia de larvas repulsivas nuestras fobias; los muertos vivientes nuestros pensamientos retorcidos; la misteriosa ciudad de Dunwich, en donde transcurren los hechos inexplicables, también delirante homenaje al escritor más famoso de Providence, nuestra alma corrupta y enferma, y el niño que corre hacia una especie de peligro invisible... eeeh... estooo... No tengo ni puta idea de lo que podría significar eso, es demasiado, y a decir verdad, que es a lo que vamos, tampoco tengo ni puta idea de lo que he querido decir hasta ahora con tanta metáfora inventada sobre la marcha. Creo que finalmente me conformaré y bastaré con deciros que Paura nella città dei morti viventi es el entretenimiento, el arte y la benevolente argucia del cine que le pido al Dios en quien no creo. Nada más piden mis ojos, sólo Fulci.

Amar el cine fantástico, en toda su categórica y maravillosa extensión, es amar a Paura nella città dei morti viventi. Si no, eres una puta mierda.

jueves, 3 de mayo de 2007

La niñita de los ojos del giallo

Los giallos no son sucedáneos de nada, capullo. No nacieron gracias a Hitchcock. Éste no tiene nada que ver. Mario Bava sembró la semilla con La muchacha que sabía demasiado. Antes ya hubieron otros directores italianos que incluían constantes propias del giallo en perspicaces películas de suspense sin color, pero Bava fue el primero en rajar en amarillo, y no en la antedicha, y magistral, prueba de despegue del género, sino en la inaudita Seis mujeres para el asesino, el giallo mismo y de importancia incalculable en el posterior torrente de macabradas sangrientas de los 70 y 80 de todo el mundo. Tenía todo el color, toda la violencia, toda la misoginia y todo el suspense que crearía escuela, empezando por el abrumador trabajo del alumno más aventajado de ésta, Dario Argento. Y fue con el primer pelotazo de éste, El pajaro de las plumas de cristal, cuando el giallo había dejado de germinar para únicamente eclosionar con una fiereza y una calidad que las mismísimas imitaciones (casi todas, dicho finamente) de los respectivos títulos de Bava y Argento citados pasarían a tener entidad propia. No todas, claro, pero si un buen puñado, en donde se encuentra la excepcional Mio caro assassino, el visible par de huevos de un Tonino Valerii grande, grande, como él solo.

Duccio Tessari mostró también un par de huevos bien a la vista en su obra maestra Una mariposa con las alas ensangrentadas; el propio Argento los volvió a mostrar, pero esta vez más gordos que en su opera prima, en el ultraclásico Rojo oscuro; Sergio Martino no era menos por aquella época y los mostró también en uno de mis giallos favoritos, La cola del escorpión. Hay bastantes ejemplos más, pero los mejores están aquí, y Mio caro assassino (Sumario sangriento de la pequeña Estefanía in spanish) es uno por los que religiosamente me agacho y la chupo (metafóricamente) por respeto al género. Son tantos pares de huevos ya, que no me hacen falta ni los míos para pasar a defender y venerar con los dientes bien afilados como suelo acostumbrar a hacerlo. Porque Mio caro assassino no merece apologías, merece sexo mental, o sea, que la follemos, que la disfrutemos, sin más ni peros que valgan, por lo que fue concebida.

Cine de cojones y tripas, compañeros: intriga morbosa, formidablemente trabada, espectacularmente filmada, musitada (Morricone haciendo maravillas de nuevo) y escrita; gratuita ultraviolencia en los asesinatos y litros de sangre, teloneados por planos subjetivos del estereotipo de asesino de guantes negros y sin rostro cámara al hombro (aquí eso de la steady no pintaba un carajo gracias a la brutal labor tras las cámaras de Valerii, sobria, tan cruda como la realidad); interpretaciones p’a cagarse (George Hilton ejerció de DIOS aquí, su culmin en el final, predicando ese monologo sobrecogedor que le lleva a descubrir al asesino, sudando, sereno, guapo, con bigote y asintiendo con la cabeza y afirmando sobre seguro “sí” al final de cada sentencia, es lo que todo actor sueña con interpretar) y una nada azarosa voluntad de querer tocar el cielo con una película de suspense y sangre de estilo sensacional y naturaleza retorcida inconfundiblemente italiana.

¿Que de qué va? Mírate la peli, valiente. No me jodas.

sábado, 28 de abril de 2007

Vida y milagros del hombre y el pez (los dos Sergios que se masturbaban con peces yonquis y asesinos)

Puestos a elegir, uno prefiere los sofisticados y a veces bizarros giallos del Martino de principios de los 70 que el Martino tutto-género de la última etapa (descontado tv-movies y seriales de finales de los 80 y 90), pero la mejor película del director de La perversa sr. Ward continua siendo la obligatoria La montaña del Dios caníbal, filmada en el 78 con un presupuesto importante y un año antes que La isla de los hombres peces, fantasía de SF indescriptible que recuperaba parte del encanto y espíritu aventurero de aquella.

Sin ser una maravilla, como bien parecían presagiar sus primeros minutos durante los créditos (fascinantes), es un título curiosísimo: el Lovecraft de Dagon y La sombra sobre innsmouth enredado con un típico folletín con mad doctor (con la cara de ese buen rollo de hombre que era el gran Joseph Cotten), vudú y villano zetoso. Mantiene la compostura y un agradecido misterio hasta después del naufragio de los protagonistas en la isla del título. Luego el guión se desinfla y la acción se vuelve torpe, aunque, bien mirado, y dejando un momento de lado la divertida inspiración en el loco de Providence (hay también un poco del Wells de La isla del dr. Moreau), Martino tal vez decidió volcarse hacia otros terrenos menos convencionales: hacer amigos a la cutrez y a la extravagancia de casi un Borowczyk, se ve. Mutaciones anfíbicas de hombre adictas al poper que viven en las profundidades del mar, en un viejo pueblo sumergido donde aguarda un tesoro, y salen a la superficie para que les den su droga y matar a desprevenidos porque se ponen nerviosos y un poquitin de sangre ha de haber porque si no, malo. Con esto tratamos.

Absurda, innecesaria pero bienvenida, La isla de los hombres peces acaba por resultar demasiado vana y decepciona por las posibilidades de su premisa, decantándose por la vía del destajo y el corta prisas, pero para el forofo de rarezas spaghetti y fanáticos de su director, como mua, imposible pasar de ella. Ojo a los hombres peces, si no fuera porque resulta obvio que son hombres embutidos en ridículos trajes de goma, se diría que son auténticos muñecos de trapo manejados con hilos. Martino, sólo le faltó una escena de orgía babosa con la Barbara Bach y los hombres peces, que la eché en falta y hasta la creí conveniente, visto y comprobado lo zumbado que está. Quizás con un poco más de dinero me hubiera concedido ese deseo y añadido unos extras de animales de gran peso y octanaje comiendo coños o algo mucho mejor. Ya sabe a lo que me refiero.

jueves, 26 de abril de 2007

Cuchillo, coño y tren

Aquí a Aldo Lado se le va a mimar, porque se le adora. Un tipo con esa obsesión por la violencia, el sexo desarrapado y el rollete chungo merece honores aparte. Tiene una forma muy particular de tomarse a pecho lo que otros sólo hacen por dinero, o sea, insensato oportunismo. Si Argento está de moda, él no va a ser menos aunque irá un poco más lejos (¿Quién la ha visto morir?); le importará siempre un huevo los prejuicios de su público, él irá a saco estén como estén las cosas. Llamar la atención y provocar por las mismas vías que andan sus modelos es su máxima, pero su irrebatible personalidad cubre cualquier posible trasvase hacia la vacuidad. Sus obras lo son de autor, es un director-guionista enérgico, que disfruta con su trabajo, tan tarado y perverso como Jesús Franco o más, y con el mismo concepto del entretenimiento que tenia un Joe D’Amato, por ejemplo: dar al espectador lo que quiere, sin egoísmos ni moralinas hueras.

Para husmeadores del bizarre y la cosa chunga en el cine europeo de género, os traigo una pequeño deshecho de malos rollos y sexo infame, violencia macarra y moral chabacana. Injusto es reconocer antes al Ruggero Deodato de Trampa para un violador que al Aldo Lado de Violación en el último tren de la noche, una versión infinitamente más perturbadora, divertida y sórdida de la maravillosa La última casa a la izquierda que el absurdo sin gracia de Deodato (éste gilipollas la lleva clara conmigo). Primero, es incluso superior en el empeño técnico y visual al insustituible de Craven, hasta más enfermiza en su fondo. Por otro lado, las pretextos pro-familiares y facistoides de Craven aquí desaparecen sin que apenas se note, las humillaciones, vejaciones y asesinatos vienen arropados por una banda sonora sensacional, perfecta, sutil, inquietante, del GENIAL Ennio Morricone; una atmósfera casi de cine fantástico que pilla a cualquiera desprevenido, habiendo reconocido ya una vulgar quinqui-movie en los primeros minutos, y un emotivo “lo doy todo de mi” de un juguetón Aldo Lado.

Si las dos jovencitas que padecen las pocas pero totalmente brutales perrerías que las lleva a una muerte angustiosa como pocas se han visto (escena fetiche, la relacionada con un cuchillo, un coño acabado de desvirgar y una cara joven hermosa, pálida y con los ojos abiertos) tuvieron curiosidad morbosa y luego miedo de un par de colgaos, no sabían que lo que las empujaría (a una literalmente, ya sabéis porque lo digo o ya veréis) a morir sádicamente sería una puta rubia alemana neo-fascista, que se une al dúo de facinerosos formando un clan de depravación antológico. La recta final es prácticamente un calco nada disimulado de La última casa a la izquierda, con un par de asesinatos que son lo mejor de todo el cine de Lado, ideados con una mala leche y de un salvaje que ya quisieran muchos spaghetti. Y sí, la muletilla reaccionaria de tantos y tantos subproductos que en un principio parecen aspirar a lo mismo que Violación en el último tren de la noche, al bueno de Lado le da por el culo. Y si no me creen, vean, vean, que mi papel en el asunto acaba aquí. A lo tonto, la obra maestra de Aldo Lado. Y no exagero, disfruto, humildemente.

sábado, 21 de abril de 2007

La peli dei ratti che hanno messo voi interni ed a permesso dalla bocca

“En el 2015 de la era cristiana triunfa finalmente la insensibilidad del hombre y los cinco continentes son devastados por bombas atómicas...
Aterrorizados por la matanza y la destrucción, los pocos supervivientes de la catástrofe buscan refugio bajo tierra...
A partir de ese momento comenzará la era conocida como “después de la bomba”, el periodo de la segunda raza humana...
Un siglo después, algunos hombres, insatisfechos por el sistema impuesto por la nueva humanidad, deciden revelarse y volver a vivir sobre la superficie de la tierra como hicieron sus antepasados. De esto modo surge otra raza, la de los nuevos primitivos...
Durante mucho tiempo las dos comunidades no tienen contacto entre si, las gentes que continúan viviendo bajo tierra son sofisticadas, desprecian a los primitivos por considerarles salvajes...
Esta historia comienza en la superficie de la tierra, en el año 225 D.D.
(Después de la bomba)”.


El siguiente texto comprendedlo como un ejercicio puramente sentimental, personal, si queréis. Esta es la película que en eones de tiempo intenté conseguir costara lo que costara. En la subterránea odisea de los trueques de material fílmico de culto en los foros de internet, antes de la inteligente y multidinaria inserción de ésta en el e-mule con desgarbo, respeto y generosidad, y antes de siquiera conocer las flamantes posibilidades (a veces limitadas pero siempre bien intencionadas) de tan extraordinario (si se le sabe sacar el jugo) medio, Rats, nights of terror (Año 225, después del holocausto para nosotros), para mi todavía no tenía nombre. Era absolutamente un misterio, un título fantasma, de nacionalidad desconocida y equipo técnico-artístico igualmente desconocido. Por el camino conseguí la estupenda Willard, conseguí Ben, su graciosa secuela, pero ninguna de ellas era “la peli con ratas que se te meten dentro y salen por la boca” que tan alucinado me dejó la primera vez que la vi, alquilada por mi padre cuando yo tenía unos escasos 7 u 8 años, y es muy posible que tal vez menos. Lo que mejor recordaba de ella eran sus escenas horripilantes, que entonces me parecieron exasperadamente realistas y morbosas. A toda costa necesitaba conseguirla, e incluso volver a verla el día siguiente de haberla visto. Un gran disgusto cogí cuando, al volver del colegio, descubrí que “la peli con ratas que se te meten dentro y salen por la boca” ya no estaba, había sido devuelta al videoclub. Mi madre, preocupada, le pidió a mi padre que volviera a alquilarla porque su hijo, el muy ansioso y cabezota, necesitaba volver a verla. “Hostia, pero si ya no me acuerdo de cómo se llama”, recuerdo bien que me dijo mi padre con ese acento valenciano tan característico suyo. Pero vamos, que no perdí el tiempo: fui al videoclub yo mismo y pregunté a los dependientes si sabían de esa “peli con ratas que se te meten dentro y salen por la boca”. Fue una gran escena: un matrimonio maduro ayudando a un niñito a encontrar una película de asquillos. Pero no hubo suerte. Por aquella época (finales de los 80) los videoclubs estaban hasta los topes de películas que reunían parejas consignas en las degeneradas carátulas y, como todos sabemos, en un 99% los dependientes de los videoclubs no tienen ni puta de cine. Así que tiré la toalla. Me rendí, joder, porque ni el teleprograma (que tantas alegrías me daba) anunciaba ningún título sobre “ratas que se te meten dentro y salen por la boca”.

Coloquios freak inolvidables sobre qué puta película de “ratas que se te meten dentro y salen por la boca” hablaba, y nada, nada, joder, nada. No había manera, pero un buen día, ya con mis añitos aunque hace un buen puñado de años, un colega con el que solía intercambiar una media de 15 películas por semana, me facilitó el título que tanto impacto me causó en la infancia. Solo mencionarle “ratas”, “dentro” y “boca”, y ya tenía ubicada mi película. Me dijo: “Rats, nights of terror, de Bruno Mattei”, a lo que yo respondí: “¡Coño, claro, encima italiana! Ya decía yo que era muy explícita”. Pero él no la tenía, y tampoco sabía como conseguirla en aquél momento. De nuevo, tiré la toalla.

Soñaba incluso las escenas que mejor recordaba de ella, ya sabéis cuales. Mirando por internet, más crecidito aún y hecho un nostálgico, la programación de aquellos canales digitales que tantos buenos (y malos) títulos costrosos y de culto me proporcionaban, casualmente la encontré, si, la encontré, y con su título editado en España: Año 225, después del holocausto. “¡Hija de puta, llevo buscándote, prácticamente, toda mi puta vida! Casi hasta la palmo (quien sí la palmó fue mi coche) y yo sin encontrarte hasta ahora”. Pero era mentira. ¿Qué había conseguido? Solo su título en castellano, nada más.

Cómo acabé dando con ella es muy previsible, ya lo intuís, no hace falta que os lo diga. Y fue hace unos pocos días que la volví a ver, otra vez, después de casi dos décadas. A uno, muy puesto y creo que estoy en mi derecho a decir que bastante buen conocedor de este estilo de películas delirantes, no le gustó ya tanto como la primera vez, pero casi, ojo, no os creáis. Producida por la productora habitual de Mattei (Beatrice films) y firmando éste con su pseudónimo anglosajón (Vincent Dawn), Rats, nights of terror o, mejor, lo mismo pero en italiano, Rats, notti di terrore, hace de sus limitaciones un muy digno zurullo comercial, que saquea a Mad Max (hombre, claro) pero con intenciones encaminadas hacia otros derroteros, más sinvergüenzas y mucho más demenciales.

Escrita, en parte, por el locoteras de Claudio Fragraso (autor de las imprescindibles, para todo amante genuino de la serie Z hispano-italiana, Monster dog y Cosmos mortal), el sinsentido está servido. Como reza la fabulosa introducción que os he transcrito más arriba, se trata de una increíble (en todos los sentidos) caspa-ficción (un término que he visto escrito hasta en un libro) hecatómbica. Las ratas dominan el mundo y cuatro mataos muy mataos (alguien me dijo que cuando este mundo se vaya a tomar por culo sólo los punkis y los perros sobrevivirán), subsisten con más bien poco cerebro (y no es algo que crea intencionado en el guión). Todo está hecho una puta mierda y las ratas son feísimas. Mattei, sin un puto duro (una manera de hablar), da pie sin temor a diálogos de risa y situaciones inimaginables, dotando al metraje de buen ritmo y más sugerentes movimientos de cámara con dolly que zooms. Los protagonistas son bautizados con unos nombres que son la hostia (Lucifer, Lilith, Video, Chocolate, éste último puesto a una negra...), pero no más que sus pintas (de Rambo, punki güarro, legionario a hare krishna).

Pero lo mejor es su supuesta “lectura moral”, tomada no se sabe de qué forma: las ratas sustituirán a la civilización de la raza humana que siempre las habían puteado, aun a precio de mutar con ésta misma (cosa nunca explicada. Qué falta hacía, ¿verdad?). Tenemos un clímax soberbio con ratas filmadas fotograma a fotograma en una imagen antológica, que hace parecer a éstas potros diminutos que cabalgan a la caza de carnaza humana (¡y al ralantí!), y un típico asedio estilo La noche de los muertos vivientes que es ver para creer. Los efectos especiales no son tan buenos como a mi me parecieron de niño, pero reconocí al instante mis escenas favoritas, tan brutales como siempre: decapitaciones de cadáveres carcomidos por las ratas, estás saliendo por la boca de la gente en pasmosos primeros planos, gente reventada por ingestión masiva de ratas en su interior y una especialmente memorable, la ratita pillina que se le mete en el coño a una tipa y luego le sale por la boca. El final, con los “humanos” ataviados con máscaras de gas, peceras en la cabeza y trajes amarillos que viven bajo tierra saliendo a flote para matar ratas o lo que sea, consigue lo que pretendía: desorientar, alucinar, asquear, congelar sonrisas y abrirnos la boca de par en par y lo más importante, dejarnos este mensaje: lo que acabáis de ver NO-TIENE-NINGÚN-SENTIDO.

La mejor película de Mattei junto a su obra maestra, Apocalipsis caníbal. Es de un ridículo inefable y una gozada, ya por fin en mis manos para complacerme cuando y cuanto desee.

lunes, 16 de abril de 2007

Lo pajarraco y lo zombi

Normalmente atribuida a Aristide Massaccesi (Joe D’Amato), Zombie 5: killing birds (como más se la conoce) es en realidad la obra de autor de Claudio Lattanzi, director de segunda unidad de algunos trabajos de Lamberto Bava y Michele Soavi. Él fue quien la dirigió, escribió y coprodujo, tareas realizadas con la gentil ayuda de D’Amato, y sin apenas un chavo, cosa muy común en las producciones de éste último. El título anglosajón (quitando lo de Zombie 5, el mismo que el original: Usselli assessini) es otra sacada de la manga por contentar a los americanos fans del terror italiano en general y de la saga zombi iniciada por Fulci con Nueva York bajo el terror de los zombis en particular, quienes siempre han sido legión.

Si Zombie 5: killing birds goza hoy de una eficiente edición en dvd con su formato anamorfizado original se debe a la fama de culto que acarreó en su momento en estados unidos, ya que, al parecer, hizo aún más gracia que su apócrifa predecesora: Zombie 4: after death. Todo freak quería su copia aunque no tuviera ninguna expectativa formada del trabajito de Lattanzi y D’Amato. Una vez conseguida, las opiniones contrastaron de tal forma que hasta casi llegan a coincidir, finalmente, en que la peli esa del D’Amato era una puta mierda. Y si lo estabais ya pensando, no corréis riesgo alguno en equivocaros, porque yo no estoy aquí para decir cosas malas de Zombie 5: killing birds, sino para comerle la polla a Lattanzi y D’Amato por los resultados que obtuvieron.

Sin ser un gran fan de esta simpática y comercialucha exploitation de cuatro duros, siento aprecio y cariño por ella. Que los efectos especiales que salpican no estén a la altura es su peor defecto, reconciliados de entrada con las habituales características de una serie Z tratada con cierto mimo y dirigida especialmente al fan amante de las vísceras y de vuelta de todo. Los primeros cinco minutos, o así, son mudos de diálogo, dedicados a la carnicería que acompaña numerosos primeros planos de pájaros nerviosos y una banda sonora hortera de barata eficacia. Tres degollamientos, un cráneo perforado por un cuchillo lanzado a gran velocidad, el hurto de un recién nacido por parte del autor de éstos manjares y una extracción de globo ocular a lo bestia son su único aditivo. Y a mi eso ya me tiene calado y me predispone como un niño impaciente en acabarse ese caramelito dulzón que chupetea y rechupetea con fruición.

Más extraña de lo que a priori aparenta, la absurda e incompresible trama nos presenta a unos jovenzuelos estudiantes de periodismo que van a visitar una chabola en las afueras para hacer una tesis sobre el pájaro de pico de marfil. Pronto todo se desmelena y se vuelve cada vez más y más incoherente. Porque en Zombie 5: killing birds no hay sólo pájaros enloquecidos con impulsos homicidas movidos por una fuerza sobrenatural que no se sabe de donde viene o yo qué sé, también hay asesinos (¿o era sólo uno? Joder, ya ni me acuerdo), zombis (¿había más de uno?) y mucha niebla para animar un poco la fiesta.

Puede que se alargue más de lo necesario, que empiece siendo divertida y después se desanime un poco y acabe aburriendo, pero tiene una escena (y es suficientemente larga, densa y convincente) que destaca sobre todas las demás: durante su clímax final, enésima imitación de La noche de los muertos vivientes, dos personajes principales, en su angustia y desespero, sujetan las piernas de un tercero que está siendo absorbido por el techo (bueno, se lo está merendando un zombi, que andaba oculto en el techo, de cuello para arriba, pero así molaba más decirlo) y su cabeza empieza a convertirse en pulpa sanguinolenta, quedando finalmente suspendido de las garras de un zombi y bañado hermosamente en su sangre. Momento magnífico y brillantemente resuelto, inteligentemente fotografiado por el propio D’Amato, donde son acentuados la banda sonora, aquí ya en plan serio y lúcido, y un dramatismo inusitado para lo que vierte el conjunto de la película. Su final, que ahora no recuerdo si entendí bien, si se puede, te deja tan patidifuso como esos dos personajes que acaban salvándose y se miran el uno al otro como preguntándose qué cojones ha pasado y por qué. Parece peor de lo que en realidad es. Mis respetos hacia ella.

sábado, 14 de abril de 2007

Roma suicida

De absoluto culto y desquiciado como muy pocos, Macchie solari (Autopsy en USA y ¡Tensión! en su versión con cortes en nuestro país) constituyó el giallo desvirtuado (pensado para americanos) por excelencia en los 70. De momento, me ha sido imposible ver dos de las obras más famosas de su director, Armando Crispino, la prestigiosa El dios de la muerte asesina otra vez y la parodia de una parodia (El jovencito Frankenstein) Frankenstein a la italiana, pero para rarezas y singularidades spaghetti, Macchie solari es el despropósito que la audiencia de paladar más perverso espera.

Un prólogo desconcertante y espectacular, convertido en una rara maravilla audiovisual gracias a la increíble y terrorífica banda sonora de Ennio Morricone y los injertos de un volcán en erupción, basado en una serie de suicidios estremecedores, que nos son mostrados desde varios ángulos explícitos, da paso a un arranque del planteamiento no menos desconcertante: cadáveres frescos apunto de ser diseccionados por cirujanos en un hospital. Riñones, tripas y sangre a granel, mientras la protagonista, Mimsy Farmer, una maravillosa rubita hitchcockiana de patas largas, hermosa y excelente actriz norteamericana, sufre continuas alucinaciones visuales de sátiros y depravados cadáveres vivientes que la acosan, fruto de su insatisfacción sexual, y es cuando, por cierto, Crispino ofrenda la mejor escena de toda la película. Escalofriante y vertiginosa.

Una cadena de suicidios inexplicables sacude Roma, y nuestra protagonista, que está como una puta cabra, y un peculiar cura, rabioso, misterioso y enloquecido, son los encargados de intentar descifrar el gran secreto que se esconde tras los numerosos suicidios, aparentemente asesinatos. Entre pitos y flautas el espectador no pilla nada de nada hasta el demencial final, que esclarece el embrollo como el giallo clásico que no parece ser. Su exacta ambientación de thriller clínico rollo Coma de Crichton, pero pasada por un colador junto con tripis disueltos con matarratas, y humor negro, malamente dosificado y hasta confuso (broma macabra y perversión total, todo junto y revuelto, aunque de delicioso resultado), seguro inspiraron otra película europea que a mi me parece excelente, la aún podemos decir que reciente Anatomía.

Que nadie espere una filosofada del suicidio rollo Buttgereit (el de El rey de la muerte), Macchie solari es un giallo sui generis, no apto para cuerdos y amigos de la verosimilitud. Una realización hábil, que repudia lo convencional y se preocupa de atender con imágenes brillantes la psicología enferma de prácticamente todos los personajes; un guión incongruente sabiamente volcado a la locura, lo bizarro y lo morboso, logran el más difícil todavía: fascinar con firmeza y capacidad de sorpresa mentes calenturientas y amantes del arte de la degeneración. De ahí su desconocimiento y rango indiscutible de culto. No verlo es sacrilegio a éste blog.

jueves, 12 de abril de 2007

Ti rajo con una cuchillata in la oscuridata

A Bava hijo se le odia y se le ama, lo cual lo convierte en un cineasta auténtico. Lo aprendió todo de su padre, dirigiendo en parte, incluso, las últimas películas de éste, Shock y Cani arrabbiati, obras maestras las dos. Debutó en solitario tras las cámaras con Macabro, su obra maestra y favorita entre colegas de profesión de su país, Dario Argento el primero. A Lamberto se le subió a la cabeza tan buen recibimiento y prosiguió con algunos títulos baratos muy recomendables. Efectos sobrenaturales sería el mejor de ellos antes de que la mítica Demons besara el santo (y no me olvido de la sensacional Blastfighter, obra maestra del mejor cine de acción de la serie B spaghetti), que apadrinó un entusiasta Argento, pero a Una cuchillada en la oscuridad también se le tiene en estima. En él Lamberto se tomó al pie de la letra el guión de Sacchetti y Elisa Briganti y, en su versión íntegra, rodó un metraje de unos 105’ bien llevados, totalmente absurdos y delirantes.

El guapo Andrea Occhipinti es el encargado de ponerle musiquilla a una peli de miedo dirigida por una tipa con un gran sentido del humor (cosas de la coguionista, supongo) y alguien se está cargando al personal, a cualquier involucrado en el proyecto o tías. El argumento es éste, pero el guión es tan limitado y rutinario que no carga las tintas, al director le interesaba más llenar los huecos entre crimen y crimen con oficio y simplismo intelectual rollo “por qué rincón me va a salir el asesino del cuchillo” que presentar sospechosos, que también, también. Como buen giallo tardío (1983), es de agradecer su no muy marcada influencia del slasher yanqui y que juegue a convertir a Hitchcock en un locoteras spaghetti, parodiando, no se sabe si voluntariamente o no, a Psicosis.

Uno no puede aburrirse viendo esta agradable sinrazón si se predispone desde el principio a los fueros de un Bava hijo todavía no echado a perder, disfrutando, además, de algunas piruetas visuales sencillitas pero llenas de descaro y muy convincentes a ojos de todos. Metalenguaje casposo, sadismo por to’s laos y un asesinato inolvidable: la filmmaker estrangulada por un rollo de su propia película, en una metáfora brutal y verdaderamente conseguida; después de muerta, Lamberto coloca la cámara a ras de suelo y el asesino, dentro de cuadro y entre risas de lunático, le da vueltas en circulo al cadáver simulando el celuloide captando imágenes. Muy bonito.

Michele Soavi interpreta a uno de los personajes clave y el final, que justifica lo injustificable al más puro estilo Psicosis, me hace pensar a mi si Sacchetti sólo le estaba devolviendo un favor a la coguionista o si realmente se tomaba en serio éste puto disparate. Qué ganas tengo de conocer in person al gran Sacchetti y preguntarle algo que siempre le he querido preguntar: “Oiga, es usted consciente de que casi todos sus guiones son comedias, ¿no?”.

martes, 10 de abril de 2007

Il mosca schiacciato

No seamos rastreri, Argento puso mucho empeño en éste inconfundible giallo, que además supuso el cierre de su exitosa trilogía zoológica tras la genial El pájaro de las plumas de cristal y la irregular El gato de las nueve colas. Algunos acusan a Cuatro moscas sobre el terciopelo gris de carecer de estilo (no es verdad), también de falta de sangre y morbo (qué equivocados están, mamma mía). Sí es verdad que no sigue la misma tónica que las anteriores, que el sutilismo elíptico de El pájaro... casi había desaparecido en El gato... y en Cuatro moscas... lo hace del todo, capiti, capiti, pero Argento supo sacarle partido a un argumento necesariamente descabellado y enrevesado como mandan lo cánones amarillentos al que hacía brillar con luz muy propia las excelencias de cromática sencillez de Fran Di Giacomo (éste Argento siempre cambiando de iluminador). Cierto es también que el vhs español venía con cortes importantes y muchos no pudimos apreciarlo como merecía. Pero eso ahora ha cambiado tanto como debería hacerlo nuestra opinión sobre Cuatro moscas... Tenemos dvd y tenemos e-mule, que Dios bendiga a ambos medios, y es genial comprobar lo mucho que gana Cuatro moscas... con su scoparro tonificante y sus escenas uncut de puta madre ahí.

¿Qué el guión es una payasada? Claro, ha de serlo, pero inolvidables son, a nuestros ojos, todos los crímenes (sobre todo el primero, promotor del embrollo y una virguería técnica y formal que paraliza el habla), ese giro final que qué más nos da pero qué guay y qué bien resuelto está, ese Bud Spencer que hace entrever su verdadera personalidad homosexual y un protagonista (Michael Brandon), batería de un grupo rockerillo, que sirve como espejo personal al propio Argento, pintado como un ingenuo macarrilla, un puto pringado perfecto para el blanco (ya, ya sé, debería haber dicho amarillo, recurrentes) de un giallo.

Quién lo hubiera dicho, Cuatro moscas... es hoy mi preferida de la trilogía zoológica de Argento. Es incluso más violenta que las anteriores y el pulso incontrolable de Argento aquí está tan pronunciado como en sus mejores obras, al menos en lo que a crímenes se refiere. Dadle una oportunidad aquellos que aún no conocéis la original. Lo pasareis de puta madre, en serio.

lunes, 9 de abril de 2007

L'amore della morte vivente

Dicen que para gustos los colores, ¿pero qué ocurre cuando uno se sume como una puta a los consabidos juicios preestablecidos de siempre? Que algunos realizadores muestren síntomas de agotamiento y desbarajuste en sus obras en un momento dado a su dilatada carrera profesional en el medio, es indudable, puñados de ejemplos tenemos, pero uno de ellos se le suele achacar erróneamente a Lucio Fulci, ya sea por detractores o por muchos de los que defienden y paradójicamente respetan la etapa por la que a éste se le conoce como el rey de lo zombis y las tablas de carnicero en su país natal. Lo pienso y no me hace falta romperme mucho más los cuernos para llegar a la conclusión de que esto es debido a algo tan estúpido como el repentino cambio profesional del Maestro a merced del éxito internacional del Zombie de Romero, encima producción de uno de sus colegas/competidores, Dario Argento.

Nueva York bajo el terror de los zombis no sólo marco un hito en el cine de horror en todo el mundo, sino que también supuso el hogar y auténtico estilo de Fulci. El revolucionario prodigio de Romero y Argento no fue más que una excusa: Fulci encontró por fin el modo idóneo para plasmar su idiosincrasia plástica en el celuloide, de tratar los temas que le enloquecían y abordar éstos como le apeteciera, harto ya de servir a la industria con westerns, comedias, dramas… aunque también es cierto que con algunas de sus obras de finales de los 60 y principios de los 70 se acercó a los géneros que se dedicaría en exclusiva pocos años más tarde. Y fundamentales son en éste sentido Una lagartija con piel de mujer, Una historia perversa y Angustia de silencio, tres giallos magníficos, y en el caso del último, magistral, imprescindible.

¿Qué puto sentido tiene entonces defender al Fulci gore con las mismas herramientas con las que lo atacan sus detractores? “Ese tío antes sabía dirigir” ¿Cómo? “Hizo Colmillo blanco para toda la familia, algunas comedietas bien hechas y con cierta gracia y unos cuantos westerns de los que destaca Los cuatro del apocalipsis, casi como un Grupo salvaje italiano, pero ahora hace terror, sofcore, giallo y gore y mola/no mola”. “Se le fue la olla con el cine de terror cochino y descuidó la puesta en escena y la sintaxis narrativa, pero mola/no mola”. “Qué jena la puta mierda del zoom, el equivalente italiano de Jesús Franco, pero cómo mola/qué asco”.


O una cosa o la otra, hijoputas descerebraos, no le deis la razón a ese crítico que no le toca y se la trae floja todo aquello que huela a sangre y descomposición (general), que siempre es una y otra vez lo mismo, y por favor, un poco de criterio: si nos atenemos a razones técnicas, de banda sonora, de un guión que sirva como soporte para un despliegue visual único y de un presupuesto (escaso o no) bien invertido, las mejores obras de Fulci son sus locuras de zombis, maníacos putrefactos encerrados en sótanos, absurdos sobrenaturales, destripadores sueltos en yanquilandia y plagios delirantes de éxitos comerciales importantes. ¿Que por qué? Yo os diré por qué, despistados de los cojones: Sergio Salvatti es un mago de las luces y las sombras, Gionetto de Rossi un soberbio artesano de las vísceras, Fabio Frizzi un músico extraordinario y singular, Dardano Sacchetti un guionista excepcional más inteligente de lo que habitualmente se cree y Fulci un experto y lúcido cultivador del lenguaje cinematográfico en todas sus vertientes. La prueba de ello está a la vista de todos, bastan más palabras, y te guste o seas capaz de verla o no, ahí está, marcando tendencias, infundiendo odios y pasiones… En resumidas cuentas, autenticidad, tripas, corazón… y algo más, seguro.

A todo esto, soy feliz:


¡Más, por favor, más!