martes, 9 de diciembre de 2008

Antonio Voraz

Tomada erróneamente por una imitación de Piraña (la película de Joe Dante, se dice, es posterior, un año después, y no hay más que ver ambas y compararlas para percatarse rápidamente de que poco en común tienen la una con la otra), Voracidad (Agguato Sul Fondo aka, Killer Fish) oscila entre el telefilm barato y la más gozosa e intrépida exploitation italiana de cara al mercado estadounidense, muy hija de sus tiempos, los 70. Antonio Margheriti, uno de lo más personales y brillantes veteranos del cine fantástico italiano, emprende esta muy infravalorada delicia heterogénea plagada de hallazgos sorprendentes como Anthony M. Dawson, su mítico pseudónimo anglosajón, o sea, en coproducción con Estados Unidos (y Brasil, donde fue filmada) y, efectivamente, rodando en inglés y con un reparto de lo más dispar (Karen Black, Lee Majors, James Franciscus, estupendo terceto, por cierto).

La trama, centrada en un ambicioso robo y el posterior escondrijo en lo profundo de un lago de unas esmeraldas, que resultan estar escoltadas por un nido de pirañas, da para, sin exagerar, varias de las mejores y más poderosas imágenes que ha filmado Margheriti a lo largo y ancho de su carrera. Con la habitual artesanalidad y espontaneidad de su autor, Voracidad arranca con el acelerador atascado, a toda hostia y sin frenos. Lo que, en principio, parece una superflua y absurda concentración de lugares comunes del cine de aventuras y enredos amorosos, de lo más divertida y chic, por otro lado, va deviniendo en el puro suspense, el terror y la catástrofe más violenta, tensa y espectacular. Narrada con una fluidez y una fuerza sensacionales (la escena del tornado y demolición a gran escala es verdaderamente impactante y está acojonantemente bien resuelta, así como los distintos ataques de las pirañas hacia el final, espeluznantes y de colmar los nervios), pese a la problemática de un guión en continua mutación en el proceso del rodaje; impredecible, original, sin que el tópico y el estereotipo desmejoren nada, y completamente dada al vacile en un twist final al estilo de lo que muchos años más tarde veríamos en pastiches de suspense, acción y exploitation de lujo a cuál más retorcido y delirante como Swordfish y Wild Things.

El propio Margheriti reniega de ella, pero también es cierto que Margheriti a veces se comporta como un cenizo, y así lo digo teniéndole el aprecio que le tengo a este director incombustible.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

¿Argentofília por la puerta grande u otro vulgar rebufo?



Trailer del nuevo Argento (Giallo, en seco, por delante, por detrás y con todo el descaro y ya dudosa autoridad del mundo de la que puede presumir su autor) recién horneadito, de ayer mismo. Creo que es de cajón decir que el Argento giallesco, o sea, el disparatado, barroco y genial, es el italiano, y el insolvente, el convencional, el supuestamente más circunspecto, el americano. Ejem, Trauma, la primera película americana de Argento, no supuso ningún giro radical con respecto a sus precedentes argentófilos, pese a ciertas concesiones puramente americanas hacia el thriller y decepciones de algunos admiradores, a los que no entiendo en absoluto, por cierto. Lo mismo ocurría con su esplendoroso episodio de Los Ojos del Diablo, ese magistral Gato Negro cojonudamente poeniano hasta los huesos, cojonudamente amarillista, como Trauma, sí. Pero tanto El Fantasma de la Opera, Il Cartaio y el telefilm ¿Te Gusta Hitchcock?, son una puta mierda. Pero estas tres películas son todas italianas y de la última etapa argentófila, tras esa maravilla litúrgica sui generis, todavía incomprendida por muchos, El Sindrome de Stendhal, el penúltimo suspiro de talento inabarcable de Argento; el último sería la también italiana y, otra vez, amarillista a brutal cuchillazo, Non Ho Sonno. ¿Notáis nada anormal? Yo os diré: es totalmente erróneo achacar a Argento falta de imaginación y gilipollismo americanucho vendido para con sus obras americanas mientras se le atribuye todo el mérito a las italianas, una vez ya pasada su época gloriosa de suspirios, rojo oscuros, infernos y operas y alfileres en los ojos, como hemos ido comprobando a lo largo de los años. Por eso, no voy a dudar soberanamente de la calidad de Giallo sólo por tratarse nuevamente de una película americana, sino, paradójicamente, lo sé, por tratarse de una italiana, ya muy lejana de Non Ho Sonno, al parecer. ¿Que no es más que un puto trailer? Lo sé, pero tengo una corazonada, y no me dice nada buena ésta. Y yo fui de los que defendieron La Terza Madre en su día, pero esto se llama Giallo, y cagarla así, es sacrilegio, por mucho que tu nombre sea Dario Argento, clave en la fiebre amarillista de los 70 en adelante. Argento, no te quedes sin aliento, hombre. Te pudres como las cosechas de frutas al sol: a toda hostia.

jueves, 2 de octubre de 2008

Avati sin superpoderes

Vengo de Sitges de ver lo nuevo de Pupi Avati en la Tramuntana (ésta sala tampoco está tan mal como creí. Es más cómoda que otras; ¿han cambiado las butacas o soy yo que tengo un mal recuerdo?), Il Nascondiglio. Ahora estoy un poco cansado y paso mucho de extenderme, pero, a mi pesar, no es otra cosa que un truñaco estéril y sin ninguna de las mágicas virtudes del mejor Avati sobrenatural (el de La casa dalle finestre che ridono y L'arcono incantatore, por ejemplo). Pero cuánto sopor, cháchara inútil y topicazos que aún me duelen en el alma. De qué vas, tío, sí, sí, te lo digo a ti, Pupi. No me jodas. Tú no, hostias, que ni los sustos del final son gran cosa, y no te voy a criticar el absurdo y las incoherencias, porque los italianos sois así y yo encantado, pero tras toda ésa superficie de elegante clasicismo y foto y maneras propias de los fantafabulosos 70's, no hay absolutamente nada; las formas están vacías, hostiles con cualquier contenido, y el desarrollo es aburrido y hasta burdo. ¿Por qué has hecho esta puta mierda de la que sólo puedo perdonar su rollito de giallo grotesco, violento y retorcido de unos cuantos segundetes del final, macho? ¿Qué te pasa? pero si da hasta vergüencita. Aún no me lo creo. ¿Pretendías hacer que nos cagáramos todos las patas abajo con un thriller de un suspense mareante que diera una gran lección de vieja escuela al actual panorama cinematográfico? ¿Por qué has filmado un guión tan mierdas (¡y que encima es tuyo!), interminable y para que luego sus sin pies ni cabeza no obedezcan, ni por un momentito de nada, al surrealismo sangrientón que tan bien se te daba? Mira, tío, yo esto no te lo perdono. Hasta tu colega Argento se le hizo mejor con la boñiga hecha con los pelos del culo Il cartaio. Vuelve a hacerlo y te va a volver a besar el culo, cuando hable de tus buenas pelis, tu puta madre.

domingo, 24 de agosto de 2008

Soavi, il ritorno

Michele Soavi, erróneamente considerado discípulo aventajado de Dario Argento (si lo es de éste, también lo es de Lucio Fulci, Lamberto Bava o Joe D’Amato, por ejemplo), es, pese a quien pese, un autor sin aditivos propagandísticos, una maquina de emociones fuertes que vuelca su particular imaginería barroca al cine de sus amores, medio en el que se ha ganado una marca y ha conseguido unas maneras únicas, y que reconoce las mismas influencias de Fellini que del Argento de aquellos tiempos que, me temo, ya nunca volverán.

Si Aquarius ya supuso un pastiche de tradiciones giallescas y slasher que apabulló por su circense y personalísimo sentido de lo sangriento y tensión llevada al extremo de lo grotesco (el espléndido asesinato en las duchas, la mujer cortada con sierra mecánica vista a través del subjetivo de sus compañeros, etc), tras La Chiesa y La Setta, variaciones sui generis de los Demons de Lamberto Bava, la primera, y del esoterismo brujeril y satánico de Argento, la segunda, llegó Dellamorte Dellamore, la consagración de su autor como tal, su obra maestra y una declaración de principios rara en el cine del siglo XX: hacer a uno lo que le pase por los cojones según la lógica del cine italiano, el único cine europeo que, como el estadounidense, realmente lleva en la sangre de sus siervos eso de hacer cine. La primera película de zombis estrictamente felliniana, eso es Dellamorte Dellamore, pasada por el tamiz de un gigante que depende siempre de un estilo depuradísimo y unos guiones envidiables.

Arrivederci amore, ciao (recientemente editada en dvd aquí por Cameo con el ridículo -otra vez- título de Camino sin retorno), es el nuevo Soavi después de un montón de telefilms de mierda. 12 años la separan de Dellamorte..., nada menos, y ha valido la pena la espera, sí señor: Soavi sigue en plena forma, abandona el gore y el fantástico, por esta vez, pero sólo para ir del mismo palo con una retorcidísima historia de italianuchos hijosdeputa que roban, traicionan, matan, se drogan, tratan a las mujeres como pura mierda que estorba y follan, claro. Un thriller, pues, italiano hasta la médula y plagado del crudo pero bello esteticismo soaviniano, narrada con más garra y personalidad imposible, con parsimonia y docenas de escenas memorables que merecerían un amplio estudio tanto en lo formal como en lo conceptual. Fascinantes set-pieces de las que ya apenas se ven.

El título (el original, digo) refleja de manera valiente y con mucha mala uva ése retrato cínico y amoral del personaje principal, hombre trágico, oscuro, pero íntegro. Y ya descubriréis por qué quienes no la habéis visto. Y otra vez tenemos arriesgados travellings y subjetivos de impresión (hay uno del coño de una stripper columpiándose que advierten del descarado golferío de Soavi), erotismo auténtico (italiano, vamos) y violencia brutal, en sus dosis justas y apropiadas (esto no es Aquarius ni La Chiesa, señores). Arrivederci amore, ciao es en absoluto moralizante, más bien lo contrario, y vuelta férrea, estimulante, aunque quizás un pelín larga (por lo limitado de su argumento) y complaciente (a veces marea un poco la perdiz), de un Soavi enervante. Este hombre continúa siendo un puto genio, quería decir.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Haciendo de tripas... más tripas

“Lo más opuesto a la relativa sutileza y tendencia a la metáfora de Romero (...) El menos Fulci de los films de Fulci”. Palacios también quiso ver, por puro capricho personal, digámoslo, a un zombi que politizaba e hilvanaba una oscurantista alegoría tercermundista en este singular clásico de culto inmortal del mejor spaghetti-gore setentero. Dobles y hasta triples lecturas aparte, Zombi 2, Zombie, o Nueva York bajo el terror de los zombis, como se la llamo aquí, es uno de los pedazos de puro cine fantástico europeo más magistrales, auténticos, sui generis, caraduras y viscerales de la historia. Poderosamente fascinante y, a su modo, revolucionaria, la primera obra maestra puramente Fulci, contenía un carácter desigual, sujeto al puro género, confiado y edificante. Fulci, grande como él solo, filmó a puñetazos de sabiduría y desvergüenza un tremendo y grandioso relato de aventuras de esos que no se olvidan y no envejecen nunca, incluyendo en el mismo a un Mad Doctor ponzoñoso cuya torpeza y malvivir gestionan a un ejercito de zombis come-gente. Las implicaciones vuduescas y arcaicas son comentadas por los propios personajes con poco ingenuidad, haciéndonos dudar de la procedencia real de unos muertos que vuelven a la vida después de tantos años, con momentos al respecto, por paranoicos y pavorosos, casi cómicos. Pero guión original de Dardano Sachetti (no acreditado) y Fx hipergore aparte, nada hubiera funcionado como funcionó de no ser por la maravillosa y genial fotografía de Sergio Salvati, quien manejó a la perfección claroscuros, escenas diurnas con mucho sol (un 95 % de película) y esas otras increíbles en penumbra con zombis en grupo (una docena, como máximo) moviéndose muy lentamente, donde un Fulci veterano y detallista hace volar hierbajos por la parte baja de la pantalla al unísono de la ventisca artificial. El resultado es para levantarse y aplaudir, y eso es escuela Fulci, inimitable, sólo elogiable.

El extraño efecto que la BS de Fabio Frizzi causa en unas imágenes de una ferocidad y violencia inigualable, sería, en buena parte, parte del sello característico de Fulci a partir de entonces, no en vano, la BS de las películas de Fulci son sinónimo de puro horror y pervertimiento atmosférico la escuches donde la escuches. Con Zombi 2, el cine de zombis y el gore, no volverían a ser lo mismo, vinieran de donde vinieran e hicieran lo que hicieran, Zombi 2 pasó a los anales por derecho propio, y aunque no naciera de la más sensata intuición (añadidos varios de última hora al guión y algún que otro plagio, sin importancia o muy bienvenido, al Dawn of the dead de Romero, del que es falsa secuela, por muy suya y fulciana que sea) como La matanza de Texas o Seis mujeres para el asesino, casi, casi.

Sabemos de críticos, no sólo detractores, y es que también se cuentan entre sus defensores, que suelen referirse al cine de Fulci como ingenuo y hasta malo, narrativamente hablando. No sólo no estoy de acuerdo porque con Zombi 2 Fulci demostró ser un narrador único y vibrante, exquisito y MAGISTRAL (lo pongo en mayúsculas para el que quiera reírse, así se atragante el subnormal), sino porque la valía de este hombre está demostrada hasta en sus spaghetti-westerns, y qué decir de esos soberbios giallo como Una lagartija con piel de mujer, Una historia perversa y, sobre todo, Angustia de silencio. Para defender a Fulci de forma ilusa y fácil, basta con ver Posesión Infernal y Braindead y decir que eres moderno y enrollado, que viva la Serie B, el gore, el bizarre y su puta madre, pero hay una grandísima diferencia cuando a los autores los realzas porque te gustan mucho sus películas, porque has visto, por ejemplo, Zombi 2, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes, El Más Allá y Aquella casa al lado del cementerio más de una veintena de veces seguro; porque en donde ves magnitudes casi insondables, por bellas, fascinantes, los payasos sólo ven “tablas de carnicero”, así que no me toques los cojones.

En su siguiente película de zombis, sí es verdad que Fulci rizó el rizo y consiguió superar esta ya de por sí casi insuperable obra de arte vigente y viviente, y que así sea, y será, joder, por siempre.

A Fulci (sí, otra vez. Qué pasa).

1927-1996

martes, 6 de mayo de 2008

Una vida sin Fulci sería una puta mierda

Por eso, un fan fatal del Maestro como es el norteamericano Mike Baronas ha decidido poner sus dos santísimos cojones al servicio de una serie de DVD’s en distintos volúmenes que rindan un sentido y descaradamente devoto Homenaje al más grande de los francotiradores romanos de la exploitation europea. Paura, Lucio Fulci Remembered, Vol 1, a adquirir con fruición desmedida, recoge el testigo de muchos de los cineastas, técnicos y demás vinculados a la obra de Fulci. La primera tirada es limitada (2500 copias), así que, fans y curiosos, no podéis hacerle esperar más al tito Fulci, que el Gigante del Horror más seco, burro, cafre y brutal del planeta, sigue más vivo que cualquiera de nosotros. Y cita ineludible a este respecto y al del cine de género europeo, es el blog Beyond Flix (que descubrí gracias a la web de Paura Productions), desde ya, favorito entre favoritos de Rajando en Amarillo. Su autor, Martín Núñez, manifiesta abiertamente su amor por la exploitation, el giallo y Fulci excluyendo ironías cobardes y excusas de mongol acomplejado y confuso. Además, su curro en el blog incluye entrevistas a celebridades, que hacen llorar por nostalgia y todo, como el siempre inquietante, camaleónico y grandioso Giovanni Lombardo (John Morghen). Un solo ejemplo de las excelencias del muchacho, sacado de la entrevista a Lombardo: “Mi director favorito es Lucio Fulci, ¿cómo lo recuerdas personal y profesionalmente?”. A veces, conocer a gente de tu misma especie con semejante rotundidad, le da cierto sentido a la vida, aunque ésta te parezca una mierda. Aaaay, amigos, hay una frase, de esas típicas pero necesarias, que nunca he gritado desde lo más profundo de las tripas y que, con todo lo que ya he largado y largado sobre Fulci a lo largo de casi toda mi vida, parece mentira que aún no lo haya hecho. Ahí va:

¡¡¡¡FULCI LIVES, HIJOSDEPUTA!!!!

Mecagoenlahostia!

martes, 18 de marzo de 2008

La bahía de Mario

Mete a una manada de fans de Bava en una habitación, con todo tipo de armas blancas repartidas por cada uno de sus rincones, y hazlos hablar de Bahía de sangre. Seguro que acaban todos asesinándose entre ellos de formas distintas y flotando en un mar de sangre. Unos dirán que es una roña, otros que una de las últimas obras cumbre del genio italiano, y el resto que ni una cosa, ni otra, y es aquí en donde yo me incluyo. Propició al venidero slasher yanqui con su hipnotizante y avasallador recuento de muertes hiperbólicas y ultragores, inaugurando así un filón que aún hoy sigue y que, por ley, jamás debería de hacerlo. Aún siendo uno de los títulos menos fascinantes de Bava, con perfectos enredos en su composición plástica pero, a la vez, echando a perder el encanto intrínseco del estilo que caracterizó a su director a principios de la década en que se ubica Bahía de sangre, los 60, con un ya exasperante y desmedido uso del zoom, tan del agrado de Bava como del de los demás compatriotas suyos. No es la única pega, su ritmo es, a veces, extremadamente lacio y torpón, que avecinaba ya ése Bava en horas bajas descubierto en la, sin embargo, estimable Cinco muñecas para la luna de agosto, de similar estructura. Lo verdaderamente admirable de Bahía de sangre lo hayamos, con refinado descaro, en la, como siempre, impresionante foto del propio Bava (no olvidemos que a Bava le gustaba resaltar que era un director irregular y un fotógrafo extraordinario), que consigue elevar la película hasta el rango de lo incomparable y único. La cámara es una güarra pornógrafa de la sangre filmando los maravillosos asesinatos, obra de un primerizo Carlo Rambaldi, luego oscarizado por su labor realizada en el “muñeco de trapo” más famoso de la historia del cine, E.T. Sin duda, ése fue el aliciente que la encumbró e hiciera que pasara a la historia del cine de terror truculento y sinvergüenza.

Bava puteaba como nadie a los de su raza, para él eran meros pinchos morunos, mierda con la que salpicar y sacar arte de ello. Aquí se pasó tres pueblos e hizo que se asesinaran mutuamente para hacerse con los bienes de la bahía del título. Movidos por la codicia y la ambición, como políticos: psicópatas, pero asesinando directamente, en solitario y a sangre fría. Pero Bava era también un moralista, lo cual hacía aún más atroz su misantropía. Por eso, los asesinos que logran desembarazarse del resto de asesinos, tienen su merecido en un final famosísimo y caspitrónico que es todo un puntazo de humor negro hijodeputa. Lo más curioso es que, y os lo va a parecer a vosotros más que a mí, Bahía de sangre es una de mis películas favoritas, su conjunto absolutamente demencial y retorcido, pese a sus errores de racord casi imperdonables, como pasar por alto el no maquillar, ni hacer notar la reacción del personaje más lógica a posteriori, la cara de uno de los asesinos después de haber sido considerablemente frita, enternece, la perversa belleza de Claudine Auger es para mí ya un fetiche, y algunos asesinatos, como el del angustioso doble empalamiento con lanza a modo de orgasmo conjunto entre tres, los chavales que sufren el coitus interruptus más emblemático, sangriento y cruel de la historia del cine (luego imitado por la primera secuela de Viernes 13, como bien sabemos todos) y el espectador, que importunado se retuerce tanto como éstos, o mi favorito, esa puta maravilla de empalamiento (otro, sí) con la pobre víctima quedando colgada de la pared, después de haber sufrido una muerte lenta mientras escupía sangre, escena que, contemplada detenidamente y completa, supone el mayor logro de la película junto al doble asesinato del comienzo, también delicioso y de lo más barroco y conseguido de Bava, y la fascinante imagen que repercutirá hasta en nuestros sueños, al menos en los míos. Por razones comerciales, le faltó esto para llamarse La última casa a la izquierda 2, algo que siempre me pareció especialmente curioso.

Al bueno de Edgar Wright da gusto oírle hablar de Bahía de sangre y, concretamente, de uno de los trailers más bonitos de ésta aquí.

lunes, 18 de febrero de 2008

Dulces sueñecitos, Lenzi

Pues los tiene bastante gordos este Lenzi. 7 Orquídeas manchadas de rojo o Caníbal Feroz son las primeras películas de género de Lenzi que a la gran mayoría de aficionados a la sangría latina les viene a la cabeza como las más regocijantes y conseguidas de su director. Esta peña, o no ve tres en un burro o no tiene ni puta idea. Debería preguntarse por qué La invasión de los zombis atómicos es el Lenzi-exploit más popular junto a Caníbal Feroz. Algunos mequetrefes hasta la ven como una divertida comedia alocada y cutrona de la Troma, pero la, con el tiempo, tiránica y nefasta compañía del payaso de Lloyd Kaufman jamás alcanzó semejantes valores en lo cinematográfico, ni siquiera con la magistral Combat Shock, peli de absoluto culto que muy poco tenía que ver con los refritos de sexo descerebrado, humor idiota y violencia de tebeo de los que siempre ha hecho gala la inefable productora yanqui. Claro que muchos que osan decir eso ni han visto la peli, dejándose guiar por el caspitrónico título. Si para el que esto escribe Apocalipsis Caníbal ya le parece uno de los puntos más álgidos del spaghetti-zombi, decidme a mí cómo he de pensar de La invasión...

Si miramos atrás y recordamos la era de los videoclubs de barrio saturados de ediciones de José Frade en VHS, entre otras muchas jocosas ediciones fantasma de pelis de horror directas a video o no, aunque siempre partiremos de la idea de que el ser humano ha sido igual de feliz le tocara la época en que le tocara vivir, hoy nos damos perfecta cuenta de que el dvd nos está mostrando películas que, en su día, recibieron un trato pésimo de presentación: formatos mutilados, siniestrísimas e incomprensibles censuras, copias deplorables con sonido infecto cuyas imágenes cascadas casi imposibilitaban apreciar (esos horrendos clareados pensados para televisión, por ejemplo), apenas, la foto del negativo original... La visión del espectador, entonces, se vio truncada por cojones. A veces, ni podíamos intuir la calidad, si la había. Pero eso se acabó, hostias, que no me venga nadie ya a enmierdarme estas grandes obras de lo petardo y el Zine de valientes con sus crueles y ruines palabras, desgraciaos desalmaos.

La invasión... fue la fuente de la que a gusto mamó la monumental Zombie 3, y uno de los mayores logros del cine de zombis italiano (y español, caray, y español) de los 80, asumidos todos sus numerosos y exquisitos defectos técnicos, sobre todo de racord. No tratamos con una peli de zombis pro-Romero o pro-Fulci, es como el padre bastardo de 28 Días Después, y ya no lo digo porque se traten de contagiados por los típicos experimentos químicos o gases nucleares, sino por la movilidad y actitud de los mismos, ágil, militar y veloz (son, prácticamente, bandas organizadas empecinadas con mordernos el culo y dejarnos secos, adelantándose, de esta manera, a la propia La Tierra de los Muertos). Está bien, está bien, los efectos especiales son, casi siempre, bastante pobres, pero el ritmo y la acción constantes, la cantidad de gore y violencia salvaje gratuitos, lo pretendidamente sublime y culto de su guión (que no es otra cosa que un desmadre deliciosamente hilvanado con el culo) y el estupendo y profesional hacer de un muy inspirado Lenzi tras las cámaras te dejan planchado hasta el genial final, que muchos acusan de manido y tontorrón, cuando parecen perderse, los muy capullos, una tan poco sutil como gratificante y desconcertantemente maravillosa muletilla del principio del fin, vía meta-realidad que, ridículamente pero no por ello menos convincente, pasa del subconsciente a lo puro consciente; vía una mala leche que la flipas y vía tu puta madre. Un clásico, pero rotundo. Algo inolvidable.

De regalo, un imprescindible enlace coleguil.

domingo, 3 de febrero de 2008

Canale Fulci (2/5)

Lucio Fulci era uno de los mejores directores de la historia del cine corrupto, un desperdigado en la charcutería de primera, un gamberro con un sentido del humor bastante enfermo. Un loco adorable, al que era imposible no querer desde nuestra más profunda idiosincrasia cinéfaga. No es el fetiche de baja estofa que identificamos con el cine de horror más cojonudo, es la prueba muerta viviente de que éste es aún más cojonudo como lo fue nunca gracias a él.

Quando Alice Ruppe Lo Specchio (Touch of Death, y conocida aquí como La Sombra de Lester) es un gore chapucero encantador y una comedia cerda para zumbados de vuelta de todo. Otro de sus telefilms sin perdón de dios y, probablemente, el mejor. Maníaco homicida tritura victimas con sierra mecánica para luego ponerse las botas con los restos aprovechables; sus gatines también aprovechan los manjares preparados de su amo. Como tontos. Ya nada que ver con el giallo, y sí con un despropósito que asume, no sabemos si a ciencia cierta queriendo, sinrazones surrealistas que dejan entrever el real trastrocamiento de cerebro de Fulci. El gore, al grano, es el motivo primero de este muy simpático absurdo, perverso pero cachondo, brutal pero caricaturesco. Muchas de sus escenas súper-sangrientas fueron utilizadas luego para la imprescindible Un Gatto Nel Cervello, la egomaníaca y ridícula obra maestra de Fulci.

Comedia alocada voluntaria desde el comienzo, ojo, la ya muy informal, demasiado, realización de un Fulci apresurado y decadente paradójicamente suple los inconvenientes de un guión pésimo (incluso para una comedia tan consciente de serlo), cuya conclusión final deja boquiabierto al espectador, pero de vergüenza. Se disfruta en lo global, no me entendáis mal, que su vena sucia y undergrún y sus gags surrealistas aventajan el remolino tromático que aún estaba por llegar. Un Fulci parece ser que amargado, parece ser que cagándose en tu puta madre. Un puntazo.

viernes, 1 de febrero de 2008

Mamá te cuida, y Papá también

Tranqui, eh, tranqui, no se te vayan a subir los humos a la cabeza. No me seas listillo, mamón, y que no se te llene la boca de mierda. Paciencia, hijodeputa. Dario Argento ha tardado mazo de años en concluir, por fin, su personalísima Trilogía de las Tres Madres. La he hecho en su Italia natal, en donde dice sentirse mucho más cómodo que en Estados Unidos. Lógico. Sabemos de sobra que Argento ya no es lo que era, pero algunas de sus últimas obras reciben demasiado maltrato por parte de algunos infieles comedores de mierda. Trauma es un logro, puro Argento pese a las exigencias del país de las hamburguesas que coprodujo la peli, y obra maestra es, de lo mejor de su autor, su episodio de Los Ojos del Diablo, basado en uno de los mejores relatos de su muy admirado Poe; también lo es la inconcebible El Síndrome de Sthendal, ya italiana. Se le fue la pinza un rato realizando una descafeinada y hasta cierto punto indignante nueva versión del famoso Fantasma de la Opera de Leroux, pero acto seguido sorprendió a sus fans de toda la vida con la magistral No Ho Sonno (Sleepless en Estados Unidos, e imaginativamente, Insomnio en España), un giallo explosivo en la estela del hiperclásico Rojo Oscuro, y que es, junto a Tenebre, su mejor película estrictamente sangrienta no adscrita al fantástico. Luego decayó en pura y monótona basura reciclada con la demasiado irregular El Jugador, un thriller, que no giallo, a la manera de El Silencio de los Corderos, o un Argento jugando a ser un director de cine de suspense americano, cuando él bien sabe que sólo sirve, en ese aspecto, para el giallo italiano. No en vano ha sido la mejor y más personal respuesta al género inaugurado por Maria Bava. De Do You Like Hitchcock no quiero ni hablar. Dios mío del amor hermoso, qué puta vergüenza. Cuanta costra. Mucho bien le hizo su colaboración regular en la serie Masters Of Horror, de nuevo en Estados Unidos, con la excepcional Jennifer, un bello y morboso gore moderno, y el incomprendido ultragore malsano Pelts, un excelente desfogue softcore, cuya casquería exacerbada no ensombrece su excitante estilo y curiosa estructura narrativa.

Pues bien, La Terza Madre, medio yanqui, medio italiana, es la feliz unión de dos estilos dispares: lo peor y mejor de Argento en un solo cuerpo. Olvidaos de la gracia multicolor de las bavianas Suspiria e Inferno (recordemos que el negativo obtenido en Suspiria es único, como el de Lo Que El Viento Se Llevó, peli esta que ya era medio gore, por cierto). Conviene no tener muy presente a dos películas tan hermosas e inspiradas en lo visual, aunque, digámoslo ya, La Terza Madre es la alucinada y brutal película de un maestro en posmodernista y salvaje estado de gracia. Sonidos e imagen vuelven a fluir unidos con brillantez sin par; los primeros minutos podrían haber formado parte de una auténtica obra maestra digna del barroco Argento de antaño: tensión contenida, atmósfera terrorífica y gore que se sale de madre, con esa bella Coralina a la que un enigmática enser endemoniado le arranca la lengua, la abre canal y la estrangula con sus propios intestinos, todo frente a la pantalla y con una desvergüenza pornográfica absoluta. Además, puro Argento en lo manierista y colorista. Las cosas se tuercen a continuación, que después de vertiginosos travellings y un uso demencial de la steady, Argento narra un giallo más o menos convencional dentro de lo que es una historia descabellada y deliciosa. Aquél clásico Argento esotérico ha vuelto más loco que una puta cabra. En un estilo cercano al de Terror en la Opera, obra maestra y virguería visual como pocas, no exagero, hacía tiempo que no veíamos a un Argento tan loco y personal. Digamos que La Terza Madre se aparta de elementos arcaicos asociados a la tónica general de Suspiria e Inferno y los conjuga aisladamente y en un clímax absurdo con mogollón de referencias pictóricas y obscenas (al Caravaggio más sucio) y, en especial, al Infierno de Dante. Así, detectado ya el goticismo modernoide, a Argento le da tiempo para que, en un entorno actual y urbaneta, nos presente a un grupo de Brujas (Lachrymarum, la bella Asia, prota y heroína absoluta de la peli, es un acierto insustituible, y la escena de la ducha, aún más. Cortesía del papá más amable del mundo) que da la impresión de que Las Zorras de Satán vayan a dar un concierto en la ciudad, silicona inclusive. Buenos sustos, susurros que dicen “Mother”, efectos especiales de Sergio Stivaletti que a veces, de tan explícitos y filmados con tanta luz, parecen provistos únicamente de escayola, cartón y pintura, aunque la gran mayoría son excelentes y una pasada (la muerte de Udo Kier -¡aquél experto en brujas de Suspiria!- se lleva la palma: le rajan la garganta, le cortan el tendón de Aquiles y le destrozan la cara a hachazos); Daria Nicolodi hace de espectro spielbergiano, los efectos visuales no están nada mal y nos queda la certeza, finalizada La Terza Madre, de que Argento continua siendo una promesa esperanzadora en el cine fantástico y de terror europeo y mundial. La Terza Madre es, pues, dentro de su imperfección asumida, irresistible, para quien la entienda, claro. Una de dos, tras ver La Terza Madre, Thomas de Quincey se suicidaría... o se masturbaría.