viernes, 1 de febrero de 2008

Mamá te cuida, y Papá también

Tranqui, eh, tranqui, no se te vayan a subir los humos a la cabeza. No me seas listillo, mamón, y que no se te llene la boca de mierda. Paciencia, hijodeputa. Dario Argento ha tardado mazo de años en concluir, por fin, su personalísima Trilogía de las Tres Madres. La he hecho en su Italia natal, en donde dice sentirse mucho más cómodo que en Estados Unidos. Lógico. Sabemos de sobra que Argento ya no es lo que era, pero algunas de sus últimas obras reciben demasiado maltrato por parte de algunos infieles comedores de mierda. Trauma es un logro, puro Argento pese a las exigencias del país de las hamburguesas que coprodujo la peli, y obra maestra es, de lo mejor de su autor, su episodio de Los Ojos del Diablo, basado en uno de los mejores relatos de su muy admirado Poe; también lo es la inconcebible El Síndrome de Sthendal, ya italiana. Se le fue la pinza un rato realizando una descafeinada y hasta cierto punto indignante nueva versión del famoso Fantasma de la Opera de Leroux, pero acto seguido sorprendió a sus fans de toda la vida con la magistral No Ho Sonno (Sleepless en Estados Unidos, e imaginativamente, Insomnio en España), un giallo explosivo en la estela del hiperclásico Rojo Oscuro, y que es, junto a Tenebre, su mejor película estrictamente sangrienta no adscrita al fantástico. Luego decayó en pura y monótona basura reciclada con la demasiado irregular El Jugador, un thriller, que no giallo, a la manera de El Silencio de los Corderos, o un Argento jugando a ser un director de cine de suspense americano, cuando él bien sabe que sólo sirve, en ese aspecto, para el giallo italiano. No en vano ha sido la mejor y más personal respuesta al género inaugurado por Maria Bava. De Do You Like Hitchcock no quiero ni hablar. Dios mío del amor hermoso, qué puta vergüenza. Cuanta costra. Mucho bien le hizo su colaboración regular en la serie Masters Of Horror, de nuevo en Estados Unidos, con la excepcional Jennifer, un bello y morboso gore moderno, y el incomprendido ultragore malsano Pelts, un excelente desfogue softcore, cuya casquería exacerbada no ensombrece su excitante estilo y curiosa estructura narrativa.

Pues bien, La Terza Madre, medio yanqui, medio italiana, es la feliz unión de dos estilos dispares: lo peor y mejor de Argento en un solo cuerpo. Olvidaos de la gracia multicolor de las bavianas Suspiria e Inferno (recordemos que el negativo obtenido en Suspiria es único, como el de Lo Que El Viento Se Llevó, peli esta que ya era medio gore, por cierto). Conviene no tener muy presente a dos películas tan hermosas e inspiradas en lo visual, aunque, digámoslo ya, La Terza Madre es la alucinada y brutal película de un maestro en posmodernista y salvaje estado de gracia. Sonidos e imagen vuelven a fluir unidos con brillantez sin par; los primeros minutos podrían haber formado parte de una auténtica obra maestra digna del barroco Argento de antaño: tensión contenida, atmósfera terrorífica y gore que se sale de madre, con esa bella Coralina a la que un enigmática enser endemoniado le arranca la lengua, la abre canal y la estrangula con sus propios intestinos, todo frente a la pantalla y con una desvergüenza pornográfica absoluta. Además, puro Argento en lo manierista y colorista. Las cosas se tuercen a continuación, que después de vertiginosos travellings y un uso demencial de la steady, Argento narra un giallo más o menos convencional dentro de lo que es una historia descabellada y deliciosa. Aquél clásico Argento esotérico ha vuelto más loco que una puta cabra. En un estilo cercano al de Terror en la Opera, obra maestra y virguería visual como pocas, no exagero, hacía tiempo que no veíamos a un Argento tan loco y personal. Digamos que La Terza Madre se aparta de elementos arcaicos asociados a la tónica general de Suspiria e Inferno y los conjuga aisladamente y en un clímax absurdo con mogollón de referencias pictóricas y obscenas (al Caravaggio más sucio) y, en especial, al Infierno de Dante. Así, detectado ya el goticismo modernoide, a Argento le da tiempo para que, en un entorno actual y urbaneta, nos presente a un grupo de Brujas (Lachrymarum, la bella Asia, prota y heroína absoluta de la peli, es un acierto insustituible, y la escena de la ducha, aún más. Cortesía del papá más amable del mundo) que da la impresión de que Las Zorras de Satán vayan a dar un concierto en la ciudad, silicona inclusive. Buenos sustos, susurros que dicen “Mother”, efectos especiales de Sergio Stivaletti que a veces, de tan explícitos y filmados con tanta luz, parecen provistos únicamente de escayola, cartón y pintura, aunque la gran mayoría son excelentes y una pasada (la muerte de Udo Kier -¡aquél experto en brujas de Suspiria!- se lleva la palma: le rajan la garganta, le cortan el tendón de Aquiles y le destrozan la cara a hachazos); Daria Nicolodi hace de espectro spielbergiano, los efectos visuales no están nada mal y nos queda la certeza, finalizada La Terza Madre, de que Argento continua siendo una promesa esperanzadora en el cine fantástico y de terror europeo y mundial. La Terza Madre es, pues, dentro de su imperfección asumida, irresistible, para quien la entienda, claro. Una de dos, tras ver La Terza Madre, Thomas de Quincey se suicidaría... o se masturbaría.

5 comentarios:

gañán dijo...

Joer por fin has vuelto. Te esperaba con ansiedad...Creí que lo habías dejado definitivamente.
Habrá que ver esta "tercera madre".

Toby Dammit dijo...

No me extraña. No se puede vivir sin mí.

gañán dijo...

Es verdad...¡no podemos vivir si ti,te adoramos y te bendecimos oh Toby..!

darkerr dijo...

Definitivamente hay que ver ésta pelicula, promete mucho. Saludos.

Anónimo dijo...

Menuda mierda esta "Tercera madre". Ojalá no la hubiera visto!!!

¿Dónde esta el Dario Argento de "Profondo Rosso"?