domingo, 24 de agosto de 2008

Soavi, il ritorno

Michele Soavi, erróneamente considerado discípulo aventajado de Dario Argento (si lo es de éste, también lo es de Lucio Fulci, Lamberto Bava o Joe D’Amato, por ejemplo), es, pese a quien pese, un autor sin aditivos propagandísticos, una maquina de emociones fuertes que vuelca su particular imaginería barroca al cine de sus amores, medio en el que se ha ganado una marca y ha conseguido unas maneras únicas, y que reconoce las mismas influencias de Fellini que del Argento de aquellos tiempos que, me temo, ya nunca volverán.

Si Aquarius ya supuso un pastiche de tradiciones giallescas y slasher que apabulló por su circense y personalísimo sentido de lo sangriento y tensión llevada al extremo de lo grotesco (el espléndido asesinato en las duchas, la mujer cortada con sierra mecánica vista a través del subjetivo de sus compañeros, etc), tras La Chiesa y La Setta, variaciones sui generis de los Demons de Lamberto Bava, la primera, y del esoterismo brujeril y satánico de Argento, la segunda, llegó Dellamorte Dellamore, la consagración de su autor como tal, su obra maestra y una declaración de principios rara en el cine del siglo XX: hacer a uno lo que le pase por los cojones según la lógica del cine italiano, el único cine europeo que, como el estadounidense, realmente lleva en la sangre de sus siervos eso de hacer cine. La primera película de zombis estrictamente felliniana, eso es Dellamorte Dellamore, pasada por el tamiz de un gigante que depende siempre de un estilo depuradísimo y unos guiones envidiables.

Arrivederci amore, ciao (recientemente editada en dvd aquí por Cameo con el ridículo -otra vez- título de Camino sin retorno), es el nuevo Soavi después de un montón de telefilms de mierda. 12 años la separan de Dellamorte..., nada menos, y ha valido la pena la espera, sí señor: Soavi sigue en plena forma, abandona el gore y el fantástico, por esta vez, pero sólo para ir del mismo palo con una retorcidísima historia de italianuchos hijosdeputa que roban, traicionan, matan, se drogan, tratan a las mujeres como pura mierda que estorba y follan, claro. Un thriller, pues, italiano hasta la médula y plagado del crudo pero bello esteticismo soaviniano, narrada con más garra y personalidad imposible, con parsimonia y docenas de escenas memorables que merecerían un amplio estudio tanto en lo formal como en lo conceptual. Fascinantes set-pieces de las que ya apenas se ven.

El título (el original, digo) refleja de manera valiente y con mucha mala uva ése retrato cínico y amoral del personaje principal, hombre trágico, oscuro, pero íntegro. Y ya descubriréis por qué quienes no la habéis visto. Y otra vez tenemos arriesgados travellings y subjetivos de impresión (hay uno del coño de una stripper columpiándose que advierten del descarado golferío de Soavi), erotismo auténtico (italiano, vamos) y violencia brutal, en sus dosis justas y apropiadas (esto no es Aquarius ni La Chiesa, señores). Arrivederci amore, ciao es en absoluto moralizante, más bien lo contrario, y vuelta férrea, estimulante, aunque quizás un pelín larga (por lo limitado de su argumento) y complaciente (a veces marea un poco la perdiz), de un Soavi enervante. Este hombre continúa siendo un puto genio, quería decir.