miércoles, 12 de noviembre de 2008

¿Argentofília por la puerta grande u otro vulgar rebufo?



Trailer del nuevo Argento (Giallo, en seco, por delante, por detrás y con todo el descaro y ya dudosa autoridad del mundo de la que puede presumir su autor) recién horneadito, de ayer mismo. Creo que es de cajón decir que el Argento giallesco, o sea, el disparatado, barroco y genial, es el italiano, y el insolvente, el convencional, el supuestamente más circunspecto, el americano. Ejem, Trauma, la primera película americana de Argento, no supuso ningún giro radical con respecto a sus precedentes argentófilos, pese a ciertas concesiones puramente americanas hacia el thriller y decepciones de algunos admiradores, a los que no entiendo en absoluto, por cierto. Lo mismo ocurría con su esplendoroso episodio de Los Ojos del Diablo, ese magistral Gato Negro cojonudamente poeniano hasta los huesos, cojonudamente amarillista, como Trauma, sí. Pero tanto El Fantasma de la Opera, Il Cartaio y el telefilm ¿Te Gusta Hitchcock?, son una puta mierda. Pero estas tres películas son todas italianas y de la última etapa argentófila, tras esa maravilla litúrgica sui generis, todavía incomprendida por muchos, El Sindrome de Stendhal, el penúltimo suspiro de talento inabarcable de Argento; el último sería la también italiana y, otra vez, amarillista a brutal cuchillazo, Non Ho Sonno. ¿Notáis nada anormal? Yo os diré: es totalmente erróneo achacar a Argento falta de imaginación y gilipollismo americanucho vendido para con sus obras americanas mientras se le atribuye todo el mérito a las italianas, una vez ya pasada su época gloriosa de suspirios, rojo oscuros, infernos y operas y alfileres en los ojos, como hemos ido comprobando a lo largo de los años. Por eso, no voy a dudar soberanamente de la calidad de Giallo sólo por tratarse nuevamente de una película americana, sino, paradójicamente, lo sé, por tratarse de una italiana, ya muy lejana de Non Ho Sonno, al parecer. ¿Que no es más que un puto trailer? Lo sé, pero tengo una corazonada, y no me dice nada buena ésta. Y yo fui de los que defendieron La Terza Madre en su día, pero esto se llama Giallo, y cagarla así, es sacrilegio, por mucho que tu nombre sea Dario Argento, clave en la fiebre amarillista de los 70 en adelante. Argento, no te quedes sin aliento, hombre. Te pudres como las cosechas de frutas al sol: a toda hostia.